Tienes tres pestañas abiertas de tres ortopedias distintas y en cada una el andador cuesta un precio diferente. Una lo llama rollator, otra andador de cuatro ruedas con asiento, y ninguna te aclara si ese es el que necesita tu madre o padre.
Este tipo de consultas se realizan después de una caída, de un alta hospitalaria o después de ver a tu padre agarrarse al respaldo del sofá para levantarse y caer en la cuenta de que eso lleva ya varios meses pasando.
Acertar depende menos de dar con la marca correcta que de tener claro qué dificultad concreta quieres compensar. Y detrás de esa pregunta viene la otra, la que obliga a abrir otras tres pestañas: quién paga esto y si hay alguna ayuda pública que cubra parte.
Qué son las ayudas técnicas y cuándo empieza a hacer falta una
Una ayuda técnica es cualquier producto que permite a una persona seguir haciendo por sí misma algo que la edad, una enfermedad o una lesión le han complicado. Levantarse del váter. Llegar andando a la panadería. Acordarse de la pastilla de las ocho.
Normalmente las familias identifican que hace falta una ayuda técnica o producto de apoyo tras suceder diversas situaciones, aunque las más repetidas son las siguientes:
- Una caída, aunque no haya pasado nada: el susto cuenta igual que la fractura, porque el riesgo ya está encima de la mesa. En el ámbito sanitario ese riesgo se estima con instrumentos como la escala Downton de riesgo de caídas, que puntúa caídas previas, medicación, vista y oído, estado mental y forma de andar.
- Un alta hospitalaria con fecha: vuelve a casa el jueves y la casa sigue exactamente igual que el día que salió. Una fractura de cadera, un ictus o una cirugía traen semanas de dependencia en las que la cama articulada o el alza de inodoro hacen falta desde el primer día, no cuando llegue el pedido.
- Los apaños convertidos en rutina: ducharse sentado en una silla de plástico de la terraza, dormir en el sofá para no subir las escaleras, ir del pasillo a la cocina apoyándose en los muebles. Cada apaño señala una función que ya no se sostiene sola.
- Actividades que desaparecen sin que nadie las cancele: deja de bajar a comprar, se ducha cada tres días, no coge el autobús. Suele haber miedo o dificultad detrás de este tipo de situaciones, más que desgana.
- Cuando el esfuerzo se traslada a tu cuerpo: si eres tú quien lo levanta de la cama o quien lo sujeta de pie en la ducha, hay dos personas en riesgo, no una.
No hace falta esperar a que la señal sea grave para comprar la ayuda técnica, y es recomendable que previamente se acuda a un terapeuta ocupacional o al médico de familia para que vean a la persona y la casa. Esto reduce mucho la probabilidad de comprar el producto equivocado, que es la forma más habitual de tirar el dinero en esto.
Tipos de ayudas técnicas para personas mayores
En una ortopedia, normalmente todo está ordenado por producto.
Movilidad y desplazamiento
Es la categoría más grande de cualquier catálogo y en la que más se falla al comprar, porque se elige por el aspecto del producto en vez de por cuánto peso hay que descargar y cuántos puntos de apoyo hacen falta.
- Bastón y muletas: un apoyo extra para quien camina pero pierde estabilidad o carga mal una pierna. Se lleva en la mano del lado contrario a la pierna afectada, y la empuñadura importa tanto como la altura: si obliga a cerrar la mano con fuerza, una artrosis lo deja aparcado en el paragüero en dos semanas.
- Andador: más estable, porque reparte el apoyo entre las dos manos. El fijo sujeta más pero hay que levantarlo en cada paso, así que exige fuerza en los brazos. El de ruedas acompaña el paso, y el rollator de cuatro ruedas con frenos y asiento está pensado para la calle, para poder sentarse a mitad de camino y no volverse a los cincuenta metros.
- Silla de ruedas: para cuando caminar ya no es viable, o solo para los trayectos que no se aguanta de pie ya que son muy largos. Las autopropulsables las mueve ella misma con los aros; las de tránsito, más estrechas y ligeras, las empuja otra persona.
- Cuando el problema es la distancia o el edificio: el scooter eléctrico resuelve el caso de quien se maneja bien en casa pero no llega andando al centro de salud, y las rampas o el salvaescaleras atacan lo que en muchos pisos antiguos es la razón de que alguien lleve meses sin bajar a la calle, los tres escalones del portal.
Si quieres ver cómo se combinan estos apoyos según el grado de dependencia, esta guía de productos para ayudar a la movilidad de una persona dependiente entra en el detalle de cada uno.
Baño e higiene
El baño junta todo lo que hace peligrosa una caída. Suelo mojado, superficies duras, poco espacio para que entre otra persona a ayudar y movimientos que exigen un buen equilibrio. Añade la vez que se levanta a las tres de la mañana, medio dormido y con prisa, y tienes el escenario perfecto para que una persona mayor se caida.
Estas son las maniobras que conviene resolver, en el orden en que suelen fallar:
- Sentarse y levantarse del inodoro: un alzador eleva la taza unos centímetros y recorta el recorrido que hay que hacer con las piernas, que es justo donde falta fuerza. Las barras abatibles a los lados dan de dónde tirar para subir.
- Entrar y salir de la bañera: el punto negro de la casa. La tabla de bañera o el asiento giratorio permiten pasar sentado por encima del borde en vez de levantar la pierna por encima de él.
- Aguantar de pie mientras se ducha: silla o taburete de ducha con patas antideslizantes, mejor con respaldo si el equilibrio de tronco no es bueno.
- Agarrarse a algo: barras atornilladas a la pared, en la ducha y junto al váter. Las de ventosa sirven de apoyo puntual, no para sostener el peso de un cuerpo que cae. Y un toallero no es una barra de agarre, aunque esté a la altura perfecta.
- Pisar seguro: alfombrilla antideslizante dentro del plato y otra fuera, y fuera las alfombras de tela que se arrugan al pisarlas.
Antes de comprar nada suelto compensa mirar el baño completo, porque a veces una reforma pequeña (cambiar la bañera por un plato, mover el portarrollos) evita comprar tres productos. Tienes las opciones ordenadas en estos consejos para adaptar el baño a personas mayores.
Autonomía en casa: comer, vestirse, cocinar y tomar la medicación
Esta es la categoría que menos espacio ocupa en los catálogos y la que antes devuelve autonomía. Son objetos de pocos euros que sostienen cosas que la persona hacía sola hasta hace nada.
A la hora de comer, los cubiertos de mango engrosado se sujetan con la mano entera en vez de con los dedos, los platos con reborde permiten empujar la comida contra una pared en lugar de perseguirla, y los vasos con escotadura para la nariz evitan echar la cabeza hacia atrás para terminar de beber.
Al vestirse, casi todos los problemas son de alcance más que de fuerza. Artículos como el calzador de mango largo, el ponemedias, el abotonador y los cordones elásticos resuelven la mayoría de las dificultades.
Con cinco o seis fármacos repartidos en el día, la toma duplicada de medicamentos o el olvido de tomar alguno es bastante frecuente; por ello, un pastillero semanal con varios compartimentos deja ver a simple vista si la de la mañana está tomada. También existen dispensadores con alarma que solo liberan el compartimento que toca a esa hora.
Comunicación y sentidos
Oír y ver mal alimentan todas las categorías anteriores. La vista y la audición están entre los factores que se revisan al valorar el riesgo de caídas y aislamiento:
- En una comida con tres personas hablando a la vez, el audífono bien graduado es lo que permite seguir el hilo en vez de no escuchar bien.
- Delante de la televisión, usar un amplificador con auriculares evita tener la televisión a todo volumen.
- Las lupas con luz devuelven la letra pequeña de los prospectos, esa que obliga a pedir ayuda para saber si la caja es la del antihipertensivo.
- Los avisadores luminosos o vibratorios ayudan a identificar cuando alguien llama al timbre, suena el teléfono o suena la alarma de humo, que a partir de cierta pérdida auditiva deja de despertar a nadie.
- Un teléfono de teclas grandes con botón de emergencia sirve para llamar apretando una sola tecla con foto.
Los audífonos van por otro camino, porque los gradúa un audioprotesista tras una prueba de audición y no equivalen a un amplificador comprado por internet. Con la vista pasa igual, ya que buena parte de lo que se atribuye a la edad tiene detrás una causa concreta y tratable, como se ve en este repaso de los problemas de visión asociados a la tercera edad.
Descanso y cambios posturales
La cama articulada con altura regulable permite que la persona se incorpore sola accionando un mando. La barandilla y el incorporador de cama (el triángulo del que tirar) completan ese conjunto.
Cuando alguien pasa muchas horas en la misma postura entran los colchones y cojines de prevención, viscoelásticos o de aire alternante, se reparte la presión en las partes del cuerpo que peor la soportan y es necesario ayudar a realizar los cambios posturales de forma periódica. De madrugada esa pauta implica que alguien tiene que estar despierto para moverla, algo que una familia que se turna aguanta dos noches y no veinte, por ello, muchas casas pasan a una cuidadora nocturna para ayudar con este tipo de tareas.
Para las transferencias, cuando ya no basta con dar la mano para ayudar a levantar o trasladar a la persona, están la grúa, el disco giratorio, la tabla de transferencia y el sillón elevador, que empuja el asiento hacia delante y hacia arriba, permite levantarse del sofá sin que nadie tire de un brazo.

Ayudas públicas y financiación: cómo pagar una ayuda técnica
Una cama articulada, un andador y unas barras en el baño superan sin esfuerzo lo que casi nadie tenía previsto gastar ese mes. Así que la pregunta que toca es quién paga qué, y la respuesta oficial es bastante más estrecha de lo que se suele suponer.
Ley de Dependencia y PIA: ¿pueden financiar una ayuda técnica?
Tener un grado de dependencia reconocido no garantiza que se financie la compra de un andador u otro producto de apoyo. La Ley 39/2006 de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia contempla servicios y prestaciones para atender a la persona, pero la compra de estos productos no forma parte de su catálogo general.
El Programa Individual de Atención (PIA) determina los servicios y prestaciones más adecuados para cada persona según sus necesidades. Entre las opciones están el servicio de ayuda a domicilio, la teleasistencia, los centros de día y de noche, la atención residencial y los servicios de prevención y promoción de la autonomía personal.
La ley también prevé, en su disposición adicional tercera, que las administraciones puedan conceder subvenciones para ayudas técnicas y adaptaciones del hogar. Estas ayudas dependen del presupuesto disponible y de las condiciones de cada convocatoria. Por tanto, conviene consultar en servicios sociales qué ayudas existen en tu comunidad autónoma y qué requisitos debes cumplir.
En el caso de la teleasistencia, el dispositivo para pedir ayuda forma parte de un servicio que permite recibir atención ante una emergencia. Si estás pensando en comprar un botón de emergencia, pregunta primero si puedes acceder a la teleasistencia a través del sistema de dependencia y en qué condiciones.
Aunque la compra del producto no quede cubierta, solicitar el reconocimiento de la dependencia puede permitirte acceder a otros apoyos para el día a día. En esta guía te explicamos cómo funcionan las prestaciones de la Ley de Dependencia y cuáles son los requisitos para iniciar la solicitud.
Qué ayudas técnicas puede cubrir la prestación ortoprotésica de la Seguridad Social
Aunque habitualmente se hable de la Seguridad Social, esta prestación se gestiona a través del Sistema Nacional de Salud y de los servicios autonómicos de salud. Su catálogo no incluye cualquier producto que pueda comprarse en una ortopedia, pero tampoco se limita a las sillas de ruedas.
La cartera común de prestación ortoprotésica del Ministerio de Sanidad incluye prótesis externas, órtesis, sillas de ruedas y determinadas ortoprótesis especiales. Dentro de este último grupo aparecen algunas muletas y distintos tipos de andadores, tanto con ruedas como sin ellas.
Para que uno de estos productos pueda financiarse, debe estar incluido en el catálogo y responder a una necesidad clínica. Además, tiene que prescribirlo el especialista correspondiente. Según el producto y la comunidad autónoma, el servicio de salud puede facilitarlo directamente o conceder una ayuda económica. En algunos casos, la persona usuaria deberá aportar una parte del coste.
Las sillas de ruedas también están sujetas a condiciones. Las manuales se financian cuando una enfermedad o discapacidad impide caminar de forma funcional y permanente. Para acceder a una silla eléctrica, además, la persona debe ser incapaz de impulsar una silla manual y tener la capacidad visual, mental y de control necesaria para utilizarla con seguridad. Las sillas destinadas a uso deportivo quedan fuera de la prestación.
En cambio, el bastón convencional de una sola punta y la cama articulada no aparecen como tales en el catálogo común estatal. Esto no significa que no puedan obtenerse por otra vía, ya que algunas comunidades autónomas ofrecen ayudas complementarias, servicios de préstamo o programas sociales para determinados productos.
Por eso, antes de comprar una ayuda técnica, conviene preguntar en el servicio autonómico de salud si está incluida en su catálogo, si necesita prescripción médica y cómo debe tramitarse. Así podrás saber si se entrega directamente, se financia parcialmente o existe alguna ayuda alternativa.
Las ayudas de tu comunidad autónoma: cómo localizar la tuya
Cada comunidad publica sus propias ayudas con sus propias reglas. Aun así, hay tres rasgos que se repiten casi siempre:
- Convocatoria anual y plazo cerrado: se publican una vez al año y fuera de plazo no hay nada que hacer hasta la siguiente.
- Baremo de renta: tanto el acceso como la cuantía dependen de los ingresos de la persona mayor o de la unidad familiar.
- Grado reconocido como requisito: muchas exigen tener reconocida la dependencia o un grado de discapacidad para poder solicitarlas.
En cuanto al gasto que cubren, estas prestaciones suelen moverse en dos frentes. Uno es la adaptación funcional del hogar, que incluye las obras y reformas de accesibilidad (una rampa, cambiar la bañera por un plato de ducha, ensanchar una puerta), y sobre ese apartado tienes más detalle en la guía de ayudas para adaptar la vivienda de personas mayores. El otro es la adquisición de útiles necesarios para desenvolverse en la vida ordinaria, que es donde entra el producto en sí.
Para localizar la convocatoria de tu comunidad tienes tres caminos, y no está de más recorrerlos en este orden:
- El portal de servicios sociales autonómico, normalmente dependiente de la consejería de bienestar social o de igualdad, en el apartado de mayores o de dependencia. Ahí es donde se publica la convocatoria del año en curso.
- La sede electrónica de tu comunidad, buscando el trámite por su nombre para ver el plazo, el formulario y las bases completas.
- Los servicios sociales de tu ayuntamiento: pedir cita con el trabajador social de zona suele ser lo más rápido, porque conoce lo que hay abierto en ese momento y qué documentación se está pidiendo.
Las bases cambian de una comunidad a otra y de un año al siguiente, así que los detalles que más te afectan (qué productos entran, cuál es el importe máximo, si se admiten facturas ya emitidas) hay que leerlos en la convocatoria concreta antes de contar con el dinero.
¿Necesita receta o informe médico?
Depende de por dónde entres.
Para comprar por tu cuenta en una ortopedia o en una tienda, no hace falta receta. Un bastón, un andador o unas barras de sujeción se adquieren directamente, pagando el precio completo.
Para la prestación ortoprotésica sí, siempre. La silla de ruedas requiere prescripción dentro del sistema público y después el circuito que tenga establecido tu comunidad autónoma, que es quien fija el procedimiento de obtención, los proveedores autorizados y los plazos. Sin esa prescripción previa no hay expediente, por mucho que la necesidad sea evidente.
Para las ayudas autonómicas, lo habitual es que pidan acreditar la necesidad del producto con algún informe, pero cuál exactamente lo define cada convocatoria. Si vas a solicitar cualquier ayuda pública, pide el informe antes de comprar y comprueba en las bases si se admite gasto ya realizado. Guardar el presupuesto y la factura a nombre de la persona mayor te ahorra tener que rehacer el trámite entero más adelante.
Preguntas frecuentes sobre ayudas técnicas para personas mayores
¿Qué son las ayudas técnicas para personas mayores?
Son productos, dispositivos o equipos que compensan una limitación física, sensorial o cognitiva y ayudan a mantener la autonomía en el día a día. Un bastón, una barra de agarre en la ducha, un abrochabotones o un teléfono de teclas grandes pertenecen a esa misma familia.
¿Cuáles son los tipos de ayudas técnicas?
Se agrupan en cinco bloques: movilidad y desplazamiento (bastones, muletas, andadores, sillas de ruedas, scooters), baño e higiene (barras de agarre, sillas de ducha, alzadores de inodoro), autonomía en casa (cubiertos y vasos adaptados, calzadores largos, pastilleros), comunicación y sentidos (audífonos, lupas, teléfonos amplificados) y descanso y cambios posturales (camas articuladas, cojines antiescaras, grúas de transferencia). El de movilidad es con diferencia el más amplio en cualquier catálogo.
¿Es lo mismo una ayuda técnica que un producto de apoyo?
Sí, son sinónimos. “Producto de apoyo” es el nombre oficial desde 2007, cuando lo fijó la norma UNE-EN ISO 9999 para hablar de autonomía en vez de asistencia. En la práctica, catálogos y programas públicos siguen mezclando ambos nombres, así que da igual con cuál busques.
¿Qué ayudas técnicas son imprescindibles para el baño y evitar caídas?
Cuatro cubren la mayor parte del riesgo: barras de agarre bien ancladas junto al inodoro y dentro de la ducha, una silla o taburete de ducha para no lavarse de pie, un alzador de inodoro si le cuesta levantarse, y suelo antideslizante dentro y fuera del plato. Refuerzan los dos movimientos donde más se cae en un baño, entrar y salir de la ducha y sentarse o levantarse del WC.
¿Necesito receta o informe médico para conseguirlas o para que las subvencionen?
Para comprarlas por tu cuenta, no: cualquier ortopedia, farmacia o tienda online te vende un andador o una barra de agarre sin receta ni informe. Distinto es pedir que lo financie la Seguridad Social a través de la prestación ortoprotésica, que sí exige prescripción y seguir el procedimiento que tenga establecido tu comunidad autónoma.
¿Hay ayudas públicas para pagar una ayuda técnica y dónde se piden?
La Ley de Dependencia no la paga. El catálogo de servicios del SAAD, en el artículo 15 de la Ley 39/2006, no incluye la compra del producto. Por la Seguridad Social, la silla de ruedas sí puede financiarse dentro del catálogo común de la prestación ortoprotésica, con prescripción; bastón, andador y cama articulada no figuran entre las categorías de ese catálogo. Queda la vía autonómica, con convocatorias que suelen cubrir la adaptación funcional de la vivienda y la adquisición de útiles para la vida diaria, y que se solicitan en los servicios sociales de tu comunidad o del ayuntamiento.