La factura de la inflación: cómo la subida del IPC está mermando los bolsillos de los mayores

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La inflación vuelve a situarse entre las principales preocupaciones de los hogares españoles y las personas mayores no son ajenas a esta presión sobre el presupuesto doméstico. El último dato disponible, el indicador adelantado del IPC de septiembre de 2026, sitúa la inflación interanual en el 4,9%, seis décimas por encima de agosto y en su nivel más elevado desde febrero de 2023. La inflación subyacente, que excluye los productos energéticos y los alimentos no elaborados, se sitúa en el 3,1%.

El dato es especialmente relevante para los pensionistas. En 2026, las pensiones contributivas se han revalorizado con carácter general un 2,7%, mientras que la inflación actual se encuentra más de dos puntos por encima de esa subida.

Esto no significa necesariamente que los pensionistas hayan perdido poder adquisitivo durante todo 2026: la revalorización de las pensiones se determina con una fórmula vinculada a la inflación media y el periodo de referencia para la próxima actualización todavía no ha terminado. Pero sí refleja una realidad importante: en este momento, los precios están creciendo bastante más rápido que las pensiones actualizadas a comienzos de año.

Qué ganan y qué pierden los pensionistas con la subida del 2,7%

La revalorización general aplicada en 2026 ha elevado un 2,7% las pensiones contributivas respecto a las cuantías de diciembre de 2025. El importe máximo también se ha actualizado y queda fijado en 3.359,60 euros mensuales, con un límite anual de 47.034,40 euros.

La pensión media de jubilación permite visualizar mejor el efecto de esta evolución. En septiembre de 2026 se situó en 1.576,10 euros mensuales, un 4,5% más que un año antes. La pensión media del conjunto del sistema alcanzó los 1.374,60 euros.

El crecimiento interanual de la pensión media de jubilación, sin embargo, no debe confundirse con la revalorización que se ha aplicado a todas las pensiones. La diferencia se explica, entre otros factores, por la incorporación de nuevas pensiones y por la evolución de la composición del sistema.

Por tanto, la situación es diferente según el pensionista. Quien percibe una pensión media o elevada puede disponer de un mayor margen para absorber aumentos de precios, mientras que quienes tienen ingresos próximos a las cuantías mínimas disponen de mucha menos capacidad para ajustar su presupuesto.

Las pensiones mínimas también suben en 2026

La protección de las rentas más bajas no depende únicamente de la revalorización general. En 2026 se han incrementado también las cuantías mínimas.

Por ejemplo, para una persona jubilada de 65 años o más, sin cónyuge, la pensión mínima contributiva se sitúa en 936,20 euros mensuales y 13.106,80 euros anuales, en 14 pagas. Con cónyuge a cargo, asciende a 1.256,60 euros mensuales y 17.592,40 euros anuales.

Además, las pensiones no contributivas de jubilación tienen en 2026 una cuantía íntegra de 8.803,20 euros anuales, equivalentes a 628,80 euros en cada una de las 14 pagas. La cantidad efectiva depende de las rentas personales y de la unidad de convivencia.

Estas cifras muestran que el impacto de la inflación no es homogéneo. Para un hogar con ingresos elevados, una subida de determinados productos puede ser absorbible. Para una persona que vive con una pensión cercana a la mínima, unos euros adicionales al mes en alimentación, vivienda o suministros pueden obligar a reducir otros gastos.

El gasto de los hogares mayores: una fotografía más reciente

Los últimos datos disponibles de la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE, correspondientes a 2025 y publicados en junio de 2026, permiten actualizar la fotografía del gasto de los hogares españoles.

El gasto medio por hogar aumentó un 3,1% en 2025, hasta los 35.101 euros. Entre las partidas que más aumentaron se encontraban vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, cuyo gasto medio creció un 5,8%, y alimentación y bebidas no alcohólicas, que aumentaron un 4,4%.

Pero hay un dato especialmente relevante para las personas mayores: los hogares formados por una sola persona de 65 años o más fueron los que registraron el menor gasto medio, con 23.024 euros anuales. En 2024 habían registrado 22.081 euros, por lo que su gasto aumentó un 4,3% en 2025.

Esto no significa que todas las personas mayores tengan una situación económica precaria. El patrimonio, la vivienda en propiedad, los ahorros, la pensión percibida y la convivencia con otras personas modifican considerablemente la capacidad económica de cada hogar.

Pero sí evidencia que los hogares unipersonales de mayores tienen un margen de gasto relativamente reducido, algo especialmente relevante cuando los precios de productos y servicios esenciales aumentan.

Alimentación, vivienda y energía: las partidas que más pesan

Los datos más recientes del INE muestran que vivienda y alimentación continúan siendo dos de los grandes componentes del presupuesto de los hogares.

En 2025, el gasto medio en vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles aumentó un 5,8%. La partida de alimentos y bebidas no alcohólicas creció un 4,4%.

El impacto sobre cada persona mayor dependerá de sus circunstancias. Una persona que tiene su vivienda pagada no se enfrenta al mismo coste residencial que otra que paga alquiler, mientras que un hogar que consume poca energía tendrá una exposición diferente a la evolución de los precios energéticos.

También hay que tener en cuenta el gasto sanitario. Aunque buena parte de la atención sanitaria está cubierta por el sistema público, las personas mayores pueden afrontar copagos farmacéuticos, productos sanitarios, servicios odontológicos, gafas, audífonos, transporte o cuidados que no están completamente cubiertos.

Por eso, el IPC general no refleja exactamente la inflación que experimenta cada hogar. La cesta de consumo de una persona jubilada puede ser muy diferente de la de una familia joven.

¿Son las personas mayores especialmente vulnerables a la inflación?

La respuesta requiere matices.

No todas las personas mayores son económicamente vulnerables. De hecho, una parte importante de los pensionistas dispone de vivienda en propiedad y de ingresos estables, dos factores que pueden proporcionar una mayor seguridad económica.

El problema aparece especialmente cuando se combinan pensión baja, hogar unipersonal, ausencia de ahorros y un elevado peso de los gastos esenciales.

La propia Encuesta de Presupuestos Familiares muestra que los hogares con menor nivel de gasto destinan una proporción muy elevada de su presupuesto a vivienda y alimentación: en 2025, el 20% de hogares con menor gasto dedicó el 61,5% de su presupuesto conjunto a vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles y a alimentación y bebidas no alcohólicas.

En estos hogares, una subida de los precios esenciales tiene un impacto proporcionalmente mayor porque existe menos capacidad para compensarla reduciendo gastos discrecionales.

¿Qué ayudas existen para proteger a los mayores?

España cuenta con diferentes mecanismos destinados a limitar el impacto de la inflación sobre las rentas más bajas.

Revalorización de las pensiones

La principal herramienta es la actualización de las pensiones conforme a la normativa vigente. En 2026, las pensiones contributivas se han incrementado un 2,7%.

Esta actualización pretende mantener el poder adquisitivo de los pensionistas mediante una fórmula vinculada a la evolución de los precios.

Complementos a mínimos

Los pensionistas que cumplen los requisitos económicos pueden recibir un complemento cuando su pensión contributiva queda por debajo de la cuantía mínima establecida.

En 2026, por ejemplo, la pensión mínima de jubilación para una persona de 65 años o más sin cónyuge se sitúa en 13.106,80 euros anuales. Para acceder al complemento existen además límites de ingresos.

Pensiones no contributivas

Para las personas mayores de 65 años que no tienen derecho a una pensión contributiva y carecen de recursos suficientes existe la pensión no contributiva de jubilación.

En 2026 la cuantía íntegra se sitúa en 8.803,20 euros anuales, aunque la cantidad individual depende de las circunstancias económicas y familiares.

Bono Social Eléctrico

Las personas y hogares que cumplen los requisitos de vulnerabilidad también pueden beneficiarse del Bono Social Eléctrico.

En 2026, de forma excepcional, el descuento alcanza el 42,5% para consumidores vulnerables y el 57,5% para consumidores vulnerables severos, porcentajes aplicables hasta el 31 de diciembre de 2026.

Además, existe un criterio específico para determinados pensionistas que perciben la pensión mínima y cumplen los requisitos de renta establecidos para ser considerados consumidores vulnerables severos.

La inflación de 2026 vuelve a poner a prueba el poder adquisitivo de los mayores

La fotografía de octubre de 2026 es diferente de la que teníamos hace un año.

En septiembre de 2025, la inflación rondaba el 3%. Un año después, el indicador adelantado del IPC ha escalado hasta el 4,9%, mientras que las pensiones contributivas se han revalorizado un 2,7% en 2026.

Eso no permite afirmar todavía que los pensionistas hayan perdido poder adquisitivo en el conjunto del año, porque la inflación media que determinará la próxima actualización de las pensiones todavía no está cerrada. Pero sí permite señalar que la aceleración reciente de los precios está ejerciendo una presión significativa sobre los hogares que dependen principalmente de una renta fija.

Además, el problema no consiste únicamente en cuánto sube el IPC general. Importa qué productos y servicios suben y qué peso tienen en el presupuesto de cada hogar. Los datos de 2025 muestran que vivienda y suministros aumentaron un 5,8% y la alimentación un 4,4%, mientras que los hogares unipersonales de 65 años o más tuvieron un gasto medio de 23.024 euros.

Por ello, la protección frente a la inflación no pasa únicamente por actualizar las pensiones. También resulta relevante que las personas mayores que se encuentran en una situación económica vulnerable conozcan y puedan acceder a complementos a mínimos, pensiones no contributivas, bono social eléctrico y otras ayudas disponibles.

La evolución de los precios durante los próximos meses será determinante. El dato definitivo del IPC de septiembre se conocerá en octubre y todavía quedará por cerrar el último tramo del año que influirá en la próxima revalorización de las pensiones.

En definitiva, la inflación vuelve a ser un reto para las economías domésticas de las personas mayores, aunque su impacto está lejos de ser uniforme: depende de la pensión, el patrimonio, la vivienda, el tamaño del hogar y, sobre todo, del peso que tengan los gastos esenciales en el presupuesto mensual.

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