La importancia de ejercitar la memoria en el adulto mayor

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Te lo ha preguntado tres veces en la misma comida. A qué hora llegaba tu hermano. Y las tres se lo has contestado con la misma cara, mientras por dentro llevabas la cuenta.

O has encontrado el mando dentro de la nevera. O se ha quedado parada a mitad de una frase buscando el nombre de la vecina de toda la vida.

Poca gente busca cómo ejercitar la memoria de su madre un martes cualquiera. Se busca después de una escena así, con el miedo a un alzhéimer rondando por debajo aunque no llegues a escribir esa palabra en el buscador.

Por qué cambia la memoria con la edad

La memoria cambia con los años igual que cambia la vista o el equilibrio. Recuperar un dato que sigue estando ahí (un nombre, una cita, dónde dejó las llaves) lleva más tiempo a los 78 que a los 40, y a veces el dato no aparece en el momento en que hace falta, sino veinte minutos después. El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos, en su guía en español sobre memoria y olvido en el envejecimiento, describe perder objetos o saltarse el pago de una factura como un síntoma de olvido leve, no como un problema serio de memoria.

El lío es que, desde fuera y en una comida de domingo, un olvido esperable y uno que conviene mirar se parecen bastante. La diferencia rara vez está en el hecho suelto. Está en la frecuencia con la que ocurre y en cuánto interfiere en el día a día.

El olvido normal del envejecimiento frente a un deterioro que debe evaluarse

El mismo instituto pone lado a lado ejemplos de una cosa y de la otra. No es una tabla para puntuar a nadie, pero sí ayuda a ver por dónde va la diferencia:

  • Decisiones: equivocarse en una decisión de vez en cuando entra dentro de lo normal. Lo que cambia el cuadro es una falta de juicio sostenida, la mayor parte del tiempo.
  • Dinero: olvidarse de hacer un pago mensual es una cosa. Tener dificultades para manejar las facturas del mes, otra distinta.
  • Fechas: no recordar qué día es y caer un rato después es corriente. Perder la referencia de en qué día o en qué época del año se vive, no.
  • Palabras: quedarse sin la palabra exacta le pasa a cualquiera a cualquier edad. Costar mantener una conversación entera es otro nivel.
  • Objetos: perder cosas de vez en cuando, frente a perderlas a menudo y ser incapaz de encontrarlas.

Vista así, la pregunta repetida en la comida puede estar en cualquiera de los dos lados, y por eso olvidarse de cosas puede convivir perfectamente con una memoria sana. Los problemas de memoria más serios se reconocen porque estorban en cosas que antes hacía sola, como conducir, usar el teléfono o volver a casa desde un sitio conocido.

Entre medias hay un terreno intermedio que se llama deterioro cognitivo leve. Son personas que tienen más problemas de memoria, o para pensar y razonar, que otras de su misma edad, y que aun así siguen valiéndose por sí mismas y haciendo su vida normal. Puede ser un indicio temprano de alzhéimer, aunque no todas las personas que lo tienen llegan a desarrollar la enfermedad. Si es eso lo que se está dibujando en tu casa, qué implica la fragilidad cognitiva en personas mayores da más contexto del que cabe aquí.

Señales para consultar a un médico

Hay situaciones que el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento señala como motivo para hablar con un médico. Ni sirven para diagnosticar ni se suman como si fueran puntos de un test. Describen el tipo de cambio que suele llevar a una consulta:

  • Hacer las mismas preguntas una y otra vez.
  • Perderse en lugares conocidos.
  • No poder seguir instrucciones o una receta de cocina de siempre.
  • Confundirse con el tiempo, con las personas y con los lugares.
  • Dejar de cuidarse, sin comer bien, sin asearse o con comportamientos inseguros en casa.

Si reconoces algo de esto en tu padre o en tu madre, lo que toca es pedir cita con su médico de cabecera y contárselo con ejemplos concretos, con fechas si las tienes. El médico puede hacer exámenes y evaluaciones para ayudar a determinar la causa, y derivar al neurólogo si lo considera necesario. Esa valoración no la sustituye ninguna lista, ni esta ni ninguna otra que encuentres buscando.

Nadie pide cita el día de la primera pregunta repetida. Se pide cuando el patrón ya lleva semanas viéndose, y eso es lo habitual. La parte incómoda suele venir después, cuando propones la consulta y te contestan que están perfectamente. Si la duda que te ronda es más concreta y más grande, cómo saber si tu madre tiene demencia senil entra en ese terreno con más detalle.

Qué beneficios respalda la evidencia científica

Bajo la etiqueta de “ejercitar la memoria” caben cosas muy distintas, y la evidencia no las respalda por igual. Entrenar la memoria con tareas específicas es una. Mover el cuerpo es otra. Dormir bien, tener la tensión controlada y seguir viendo gente son otras tres. Los estudios más sólidos no apuntan todos hacia el mismo sitio.

Lo que muestra el entrenamiento cognitivo: el estudio ACTIVE

Si llevas meses comprando cuadernos de pasatiempos y poniéndole sopas de letras después de comer, has hecho lo mismo que decenas de miles de familias y por el mismo motivo, porque es lo que recomienda casi todo lo que se publica sobre memoria y mayores.

El ensayo ACTIVE es el trabajo más grande que existe sobre entrenamiento cognitivo en personas mayores. Repartió al azar a 2.832 voluntarios de seis ciudades de Estados Unidos, de 74 años de media, en cuatro grupos: entrenamiento de memoria, entrenamiento de razonamiento, entrenamiento de velocidad de procesamiento y un grupo de control que no entrenó nada. Cada grupo entrenado hizo diez sesiones de 60 a 70 minutos repartidas en cinco o seis semanas, y una parte de los participantes elegida al azar recibió además sesiones de refuerzo. Se les midió al año, a los dos años, a los tres, a los cinco y a los diez.

A los diez años, no hubo ninguna diferencia en rendimiento de memoria entre el grupo que entrenó memoria y el grupo de control. Los resultados se publicaron en enero de 2014 en el Journal of the American Geriatrics Society, firmado por Rebok y su equipo.

Los otros dos entrenamientos sí aguantaron. El 73,6% de los entrenados en razonamiento seguía rindiendo por encima de su nivel inicial una década después, frente al 61,7% del grupo de control. En velocidad de procesamiento la distancia fue todavía mayor, 70,7% frente a 48,8%. Todos los grupos habían perdido rendimiento respecto a su punto de partida, incluidos esos dos; lo que cambió es que perdieron menos.

El entrenamiento de memoria fue el menos eficaz de los tres que se probaron. Si has estado meses con los pasatiempos y no has notado ningún cambio, la explicación más probable está en lo que ese tipo de ejercicio da de sí, no en cómo lo has hecho tú.

El ACTIVE midió también cómo se manejaban en casa. Los participantes de todos los grupos entrenados decían tener menos dificultad para hacer las tareas del día a día que los del grupo de control, pero las pruebas estándar de función que aplicaron los investigadores no encontraron ninguna diferencia entre grupos. Se sentían más capaces, y esa sensación no apareció al medirla. Jonathan W. King, del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento, lo resumió reconociendo que aún no se sabe si estos entrenamientos permitirían a los adultos mayores vivir de forma independiente durante más tiempo.

El propio director del NIA, Richard J. Hodes, resumió así el resultado: ciertos tipos de entrenamiento cognitivo pueden ofrecer un beneficio duradero una década después. Con tres límites que conviene tener delante. Es un estudio de 2014, no una novedad. El seguimiento a diez años se completó con el 44% de la muestra original, que es mucha gente perdida por el camino en doce años de trabajo de campo. Y los participantes eran personas mayores sanas, que vivían en su casa y en su barrio, así que nada de esto se traslada a alguien que ya tiene un diagnóstico. Si en tu familia ya lo hay, el escenario es otro y empieza por distinguir bien qué es una demencia y qué es el alzhéimer, que no son sinónimos.

Lo que muestra el ejercicio físico sobre la memoria

paseo personas mayores

Buena parte de la evidencia sobre memoria en mayores no viene de ejercicios mentales, sino de ejercicio físico. Son dos cosas distintas que se mezclan constantemente en los listados de consejos.

Defaz-Lalangui y Peris-Delcampo revisaron once estudios sobre ejercicio físico y memoria en adultos mayores y concluyeron en 2024 que existe relación entre la práctica de ejercicio y la mejora del rendimiento de la memoria en esta población. Los propios autores señalan que el ejercicio aeróbico, con diferencia el más estudiado, no es el único que puede producir mejoras cognitivas.

Por el lado experimental, el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento recoge un ensayo controlado aleatorizado en el que el ejercicio aumentó el tamaño de una estructura cerebral clave para la memoria y el aprendizaje, con mejora de la memoria espacial. El mismo instituto es explícito en que hacen falta más investigaciones para determinar el papel del ejercicio en la prevención del deterioro cognitivo, así que la lectura razonable es que ayuda, aunque de forma más modesta de lo que se suele contar.

La referencia general que recoge el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento son 150 minutos semanales de actividad de intensidad moderada, y en la práctica eso puede ser caminar. Qué es realista en el caso concreto de tu madre, con sus rodillas, su corazón y su equilibrio, lo ajusta su médico.

El papel del sueño, la alimentación, la salud cardiovascular y la vida social

Varios de los frentes que más peso tienen no se parecen en nada a un ejercicio de memoria.

  • Sueño: el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento lo incluye entre los hábitos ligados a la salud cognitiva. Dormir mal de forma sostenida se nota al día siguiente en la atención y en el recuerdo, y en personas mayores suele haber causas concretas y tratables detrás, como el insomnio o la apnea del sueño, que valora el médico.
  • Alimentación: la dieta MIND se ha asociado en estudios observacionales a menor riesgo de alzhéimer y a un ritmo más lento de deterioro cognitivo. Un ensayo clínico posterior, sin embargo, solo encontró pequeñas mejoras en cognición, parecidas a las de un grupo de control que redujo ligeramente las calorías. Es una forma sensata de comer, no un tratamiento.
  • Salud cardiovascular: en el ensayo SPRINT-MIND, con personas de 50 años o más, bajar la presión sistólica por debajo de 120 mmHg durante cinco años de tratamiento redujo el riesgo de deterioro cognitivo leve, que a menudo antecede a una demencia. La tensión de tu padre la pauta su médico, pero esa consulta también va de memoria.
  • Vida social: en el Estudio de Salud y Jubilación, con más de 7.000 participantes de 65 años en adelante, una participación social alta (visitar a los vecinos, hacer voluntariado) se asoció a mejor salud cognitiva en la vejez. El ensayo I-CONECT, con unos 200 adultos de más de 75 años, apunta a que unas videollamadas regulares podrían ayudar a reducir el riesgo de deterioro cognitivo y de aislamiento.

Dentro de las actividades tampoco pesa todo igual. Un estudio recogido por el mismo instituto encontró que los mayores que aprendieron a hacer colchas o fotografía digital mejoraron más en memoria que quienes solo socializaban o hacían actividades cognitivamente menos exigentes. Aprender algo nuevo y difícil no funciona igual que entretenerse. El NIA avisa, eso sí, de que la evidencia de un efecto cognitivo beneficioso duradero de este tipo de actividades no es definitiva, y en esa línea van también los estudios sobre superenvejecimiento en mayores de 80 años con memoria de alguien mucho más joven, que describen perfiles antes que recetas.

Qué NO consigue ejercitar la memoria

Casi todo lo que vas a leer sobre este tema son beneficios. Saber dónde está el límite es igual de útil, porque es lo que te permite decidir cuánto tiempo y cuánto dinero pones en cada cosa, y qué puedes esperar de verdad dentro de seis meses.

Sentirse más capaz no es poca cosa, pero conviene saber de qué tamaño es el efecto.

No previene el alzhéimer ni la demencia

Ninguna actividad mental previene el alzhéimer. Ningún fármaco ni ningún hábito lo hacen tampoco, y así lo dice el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos en su página sobre memoria, olvido y envejecimiento, donde afirma que “actualmente no existe ningún medicamento o estilo de vida que prevenga el Alzheimer o las demencias relacionadas”. Lo que sí señala es que un estilo de vida saludable, con la tensión arterial controlada, actividad física y buena alimentación, podría ayudar a reducir el riesgo de varias enfermedades crónicas y también el de demencia.

La guía de la OMS sobre reducción del riesgo de deterioro cognitivo y demencia va en la misma línea y es muy cuidadosa con las palabras que usa. Su recomendación dice que el entrenamiento cognitivo “puede ofrecerse a adultos mayores con cognición normal y con deterioro cognitivo leve para reducir el riesgo de deterioro cognitivo y/o demencia”. Tres cosas de esa frase merecen leerse despacio:

  • “Puede ofrecerse”, no “debe”: es una recomendación condicional, no fuerte. La OMS reserva las recomendaciones fuertes para cuando el beneficio está claro y es consistente.
  • “Reducir el riesgo”, nunca “prevenir”: la palabra prevenir no aparece. Reducir el riesgo significa que en poblaciones grandes se esperan algo menos de casos, no que una persona concreta quede protegida.
  • La evidencia detrás se califica de muy baja a baja: es la propia OMS quien lo indica junto a la recomendación. Sostiene un “puede ayudar”, no una garantía.

Si tu madre acaba recibiendo un diagnóstico, no va a ser porque hiciera pocos crucigramas, ni porque tú no insistieras lo suficiente. El alzhéimer no es el resultado de una cabeza poco entrenada, y cualquier mensaje que sugiera lo contrario te está cargando con una culpa que no te corresponde.

No revierte un deterioro ya instalado, aunque puede ayudar a convivir con él

Si en casa ya hay un diagnóstico, la respuesta honesta es que no hay evidencia de que ejercitar la memoria devuelva capacidades que ya se han perdido.

Buena parte de lo que se cuenta sobre entrenamiento cognitivo viene de estudios hechos con personas mayores sanas, sin deterioro, y eso no se puede extender sin más a alguien que ya tiene un diagnóstico encima. La OMS sí incluye el deterioro cognitivo leve entre las situaciones en las que el entrenamiento cognitivo puede ofrecerse, pero siempre con el mismo objetivo de reducir el riesgo de que avance, no de recuperar lo perdido.

Eso no deja las cosas donde estaban. Cuando hay un deterioro instalado, el objetivo de las actividades deja de ser subir una puntuación y pasa a ser sostener la autonomía en lo cotidiano, mantener la rutina, dar conversación y compañía, y frenar el aislamiento que suele acelerarlo todo. Hay técnicas concretas para intentar retrasar el avance del deterioro cognitivo que van en esa dirección, y su valor está más en la calidad del día a día que en una recuperación que no va a llegar.

Cuidado con las apps y “juegos cerebrales” que prometen resultados milagrosos

El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento pide en su guía de salud cognitiva para adultos mayores tener cuidado con los anuncios que afirman que ciertos juegos de ordenador o en línea mejoran la memoria:

“no hay suficiente evidencia para sugerir que las aplicaciones comerciales de entrenamiento cerebral en computadora tengan el mismo efecto en las habilidades cognitivas que el entrenamiento del estudio ACTIVE”.

El mismo organismo extiende la advertencia a las píldoras, los suplementos y cualquier producto que prometa mejorar la memoria o prevenir trastornos cerebrales, porque “pueden ser peligrosos, una pérdida de dinero o ambos” e incluso interferir con otros tratamientos médicos. Su recomendación es consultar con el médico antes de comprar nada de esto, algo que vale igual para los suplementos y vitaminas que se venden para la memoria, sobre todo si tu padre o tu madre ya toma medicación a diario.

Cuánto y con qué constancia hay que ejercitarla para que sirva de algo

No hay una pauta oficial de minutos al día. Ni el Ministerio de Sanidad ni la OMS publican una dosis de entrenamiento cognitivo como sí publican recomendaciones de actividad física semanal. Circulan cifras concretas (dos sesiones a la semana de entre quince y cuarenta y cinco minutos es la que más se repite en blogs del sector), pero ninguna de las páginas que las dan cita el estudio del que salen. No están mal orientadas, simplemente no tienen detrás el respaldo que aparentan.

La referencia sólida que sí existe es cómo se entrenó a los participantes del ACTIVE: las diez sesiones que ya se han mencionado, repartidas en cinco o seis semanas, y para una parte de ellos, elegida al azar, sesiones de refuerzo espaciadas en el tiempo.

Tampoco hablamos de una condena a deberes diarios de por vida. Cinco o seis semanas de trabajo real, más algo de mantenimiento después, está mucho más cerca de lo que se probó que “un sudoku cada mañana durante años”.

Con eso como brújula, y sin convertirlo en una prescripción que la fuente no da, hay tres criterios que te sirven para montarlo en casa:

  • Regularidad antes que intensidad: es más aprovechable un rato fijo dos o tres veces por semana, que la persona sepa cuándo toca, que una maratón de una tarde y luego un mes en blanco.
  • Variedad de tipo de actividad, no solo de tema: en el ACTIVE, lo que sostuvo el efecto a diez años fue el entrenamiento de razonamiento y de velocidad de procesamiento, no el de memoria pura. Traducido a la práctica, alternar entre recordar, razonar, planificar y responder rápido tiene más sentido que repetir siempre el mismo tipo de ficha. Los ejercicios mentales para estimular la memoria y los ejercicios de memoria para personas mayores que tenemos publicados dan material para ir rotando sin repetir.
  • Dificultad ajustada: si acierta todo sin pensar, no está entrenando nada; si falla casi todo, lo dejará en dos días. El punto está donde le cuesta un poco y aun así termina.

Qué esperar y en cuánto tiempo (sin promesas exprés)

Nadie puede darte una fecha, y quien te la dé se la está inventando. No hay una fuente oficial que diga en cuántas semanas se nota una mejora, porque lo que se mide en los estudios y lo que tú ves en casa no son lo mismo.

Esperar recuperar la memoria de los cincuenta años, o frenar una enfermedad ya presente, es pedirle al entrenamiento más de lo que puede dar. Y si en esas semanas lo que ves no son despistes normales sino un cambio que le está complicando la vida diaria, eso pide consulta médica, no más entrenamiento. Esa decisión no la toma lo que estás viendo en casa. Los test de memoria para personas mayores que circulan por internet sirven para entender qué se explora en una consulta, no para decidir si hace falta.

Qué hacer si tu familiar se resiste a “hacer deberes”

“Yo ya no estoy para deberes”. “Eso son cosas de crías”. “Déjame en paz con los papelitos”. Sobre esto no hay ensayos que citar, solo criterio de trato, pero si te has encontrado con algo así el problema rara vez es la actividad en sí. Una persona que ha criado hijos, llevado una casa o trabajado cuarenta años lee la propuesta como un aviso de que alguien ha decidido que hay algo que arreglar en ella, y encima que ese alguien es su hija. La negativa no va contra la sopa de letras, va contra el papel que le asigna.

Lo que suele funcionar mejor es quitar de en medio todo lo que huela a colegio:

  • No presentarlo como examen: “a ver si te acuerdas de…” es una prueba, y él lo sabe. Cualquier propuesta que se pueda suspender se va a rechazar.
  • Cambiar quién enseña a quién: pídele que te explique cómo se llegaba al pueblo antes de la autovía. Recuerda, ordena y relata igual que con una ficha, pero desde el sitio del que sabe, no del que es evaluado.
  • Darle utilidad real a la tarea: llevar las cuentas de la casa o preparar el árbol genealógico para un nieto es trabajo cognitivo de verdad, y nadie lo llama deberes.
  • Entrar por lo que ya le gusta: si juega a las cartas, al dominó o al parchís, ya tienes el terreno ganado. Los juegos de memoria para adultos mayores permiten empezar por ahí en lugar de introducir una rutina nueva que él no ha pedido.
  • Aceptar el “hoy no” sin insistir: si cada tarde se convierte en una negociación, la actividad pasa a ser el motivo de la discusión y la abandonará por eso, no por lo que cuesta.
  • Probar con otro mensajero: hay quien acepta de una nieta, de una cuidadora o del centro de día lo que no acepta de un hijo. Que contigo no funcione y con otra persona sí no dice nada de ti, dice que contigo la relación es de familia y no de terapeuta.

Y si la respuesta sigue siendo que no después de varios intentos, tiene derecho a decir que no. Forzar una rutina que rechaza suele costar más en convivencia de lo que aporta en memoria.

Cómo puede ayudar una cuidadora en el día a día

aprender fotografia personas mayores

Estas actividades solo funcionan si se mantienen en el tiempo, y eso resulta difícil cuando la familia dispone de pocas horas a la semana.

Una cuidadora puede sostener la rutina:

  • Mantiene la regularidad: las actividades dejan de depender de que la familia tenga tiempo.
  • Propone tareas: cocinar, ordenar fotografías o preparar la compra estimulan más que pasar la tarde delante de la televisión.
  • Ofrece conversación habitual: aporta interacción social más allá de las visitas puntuales.
  • Introduce variedad: permite alternar actividades sin que la familia tenga que organizarlas cada día.

No suele hacer falta una jornada completa. Una cuidadora unas horas por la tarde, varios días por semana, puede mantener esta rutina dentro del servicio de ayuda a domicilio.

Así, cuando visitas a tu madre, puedes volver a ser su hija y no la persona encargada de organizar cada actividad.

Preguntas frecuentes

¿Los olvidos frecuentes en una persona mayor son siempre señal de alzhéimer?

No. Perder objetos, olvidarse de un pago o tardar más en recordar un nombre son despistes leves, no un problema serio de memoria. Hacerlo con mucha frecuencia, perderse en sitios conocidos o dejar de manejarse solo en el día a día sí son señales para consultar al médico de familia, que es quien puede valorarlo.

¿Sirve ejercitar la memoria si ya hay un diagnóstico de deterioro cognitivo, o ya es tarde?

Sí puede ayudar, pero no a recuperar lo perdido. La OMS habla de reducir el riesgo de que el deterioro avance, nunca de revertirlo, con una evidencia que califica de baja. Qué actividades tienen sentido en cada caso lo decide el equipo médico que lleva el diagnóstico.

¿Los sudokus y crucigramas de toda la vida son suficientes o hace falta variar de actividad?

Conviene variar. En el ensayo ACTIVE, el entrenamiento de memoria pura no mostró diferencia con el grupo de control a los diez años, mientras que razonar y trabajar la velocidad de respuesta sí conservaron más nivel. Alternar el tipo de estímulo tiene más recorrido que repetir siempre el mismo pasatiempo.

¿Hay que hacerlo todos los días para que sirva de algo?

No hace falta. Ninguna fuente oficial fija una frecuencia mínima, así que desconfía de quien te dé una cifra exacta. La referencia más sólida, el ensayo ACTIVE, se basó en unas pocas semanas de sesiones seguidas y no en un ejercicio diario, y aun así el efecto se mantuvo diez años después.

¿Las apps y juegos de entrenamiento cerebral funcionan de verdad?

El National Institute on Aging advierte de que las apps comerciales no tienen la misma evidencia que el entrenamiento supervisado del estudio ACTIVE, y extiende el aviso a píldoras y suplementos que prometen mejorar la memoria, que pueden ser peligrosos, una pérdida de dinero o ambas cosas. Usarlas como entretenimiento está bien; esperar de ellas un resultado clínico, no.

¿Qué puedo hacer si no tengo tiempo para sentarme a hacer ejercicios con él o ella?

Lo que tiene respaldo es el contacto habitual y las actividades con sentido, más que la sesión formal de ejercicios. Una conversación por teléfono varias veces por semana, cocinar juntos, repasar la lista de la compra o mantener una rutina estable cuentan como estímulo, y encajan en un día normal sin agenda aparte. Si aun así no llegas, tener a alguien que sostenga esa rutina unas horas a la semana es una forma perfectamente válida de resolverlo, y de hecho la compañía de una cuidadora ayuda también con la soledad, que es otro factor asociado al deterioro cognitivo.

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