Salir a la fresca, la verdadera red social

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Celia Alcaide

Por: Celia Alcaide

Psicóloga. Redactora experta en Laboral y RRHH

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Son las 7 de la tarde en la localidad valenciana de Foios. Tras un sofocante día de temperaturas de hasta 35 grados, el mercurio comienza a descender al mismo tiempo que las vecinas de la calle Jose Ruiz lo hacen a sus rellanos.

Sólo han pasado 3 minutos desde que el campanario del pueblo marcara la hora de salida y ya se ha formado en la acera un corrillo compuesto de hamacas, sillas de plástico y alguna silla de madera y mimbre, que ha sido fiel espectadora durante décadas de una tradición milenaria tanto en Valencia como en el resto de España: el salir a la fresca.

“Aquí corre un airecillo a partir de estas horas que no tiene precio”, sentencia Amparo; “mucho mejor que el aire acondicionado”, le responde entre risas Carmensita, la del estanc, una irreductible de una tradición que ya practicaba cuando era niña junto a sus padres y abuelos.

Esto lo hacemos desde siempre. Somos vecinos, familiares, amigos, nos sentamos aquí ‘a la fresca’ y nos contamos el día

Empieza a caer la tarde pero no así las ganas de conversar: “Esto lo hacemos desde siempre. Somos vecinos, familiares, amigos, nos sentamos aquí ‘a la fresca’ y nos contamos el día. Algunas veces algún vecino nos trae una horchata y por la noche, si hace mucho calor, también nos bajamos, a veces con rebequita”, explica Amparo.

Terapia psicológica a pie de calle

Dos mujeres tomándo el fresco en Foios (Valencia)

En una sociedad tan digitalizada y despersonalizada, el salir a la fresca -o al fresco-, es toda una panacea contra la soledad, porque no solo se habla (o se cotillea) de todo, también se ríe, come e, incluso, canta. “Aquí tenemos un vecino que después de cenar nos canta albaes (canto tradicional valenciano)”, cuentan en otro corrillo.

“Tenemos un vecino que baja algunas noches al fresco que incluso nos canta albaes”

Lo cierto es que esta tradición secular se extiende mucho más allá de los pueblos de la Comunidad Valenciana, también se practica en otras regiones de España, especialmente en Andalucía, Aragón y las dos castillas, donde en La Mancha recibe también el nombre de sanochar.

Sea cual sea su apelativo o la zona donde se practique, los beneficios para la salud mental de las personas que lo practican son innumerables, especialmente si se trata de mayores. El principal es la estimulación cognitiva que reciben y que les ayuda a prevenir enfermedades de degeneración neuronal.

“Conversar diariamente con los vecinos tomando el fresco genera en los mayores una sensación de bienestar y acompañamiento”

“El conversar diariamente con los vecinos tomando el fresco genera en los mayores una sensación de bienestar y acompañamiento muy positivos para su salud mental, haciéndolos a la vez partícipes y creando vínculos muy valiosos con su entorno y comunidad”, señala Matilde Pérez, psicóloga clínica.

Algo que convierte las sillas de salir fresca en divanes de lujo de una auténtica terapia psicológica a pie de calle.

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