Como en casa, en ningún sitio

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Maribel se levanta cada mañana en su casa, se sienta en el mismo sillón donde lleva años leyendo el periódico y mira por la ventana mientras toma café. Tras sufrir un ictus el año pasado, necesita ayuda para algunas tareas cotidianas. Pero hay algo que no ha cambiado: sigue viviendo en su casa. “Envejecer en mi casa significa seguir siendo dueño de mi vida. No es solo un techo y unas paredes, es el lugar donde está mi historia”, explica.

Durante varios meses tuvo que recuperarse en una residencia especializada. Aquella experiencia le hizo entender aún más el valor de su hogar.“Cuando me despertaba sentía que no sabía dónde estaba. Echaba de menos el olor de mi casa”.

La mayoría de las personas mayores en España quiere permanecer en su hogar. Pero entre ese deseo y la realidad existen barreras sociales, económicas y de cuidados que condicionan la posibilidad de hacerlo.

Sandra Pàmies Tejedor, psicóloga y gerontóloga social especializada en innovación en intervenciones sociales, trabaja en proyectos para mejorar el bienestar de las personas mayores en el entorno domiciliario: “Lo que para una persona es un refugio (su hogar), para otra puede convertirse en lo contrario si no se dan las condiciones de seguridad y apoyo necesarias”.

De la misma forma, remarca que “una residencia no es un concepto estático; lo que marca la diferencia es el modelo de atención”. 

Primer plano de un sillón con tres cojines, uno de ellos de punto

El hogar como algo más que una vivienda

Este deseo de permanecer en casa no es anecdótico. En España, el 96,6 % de las personas mayores de 65 años reside en su propio hogar, y el 88 % preferiría recibir cuidados en su domicilio si los necesitara.

Tal como señala el informe de Provivienda (2025), el hogar “no es únicamente un espacio donde se habita; es también un lugar de convivencia, de apego emocional y de identidad.

El envejecimiento de la población continua siendo un fenómeno global, con ello en los últimos años ha surgido la necesidad de replantear nuevos modelos de cuidados en las personas mayores. Tradicionalmente, las residencias siempre han sido la primera alternativa. Sin embargo, esta opción no siempre se ajusta a los deseos, rutinas de las personas mayores o necesidades emocionales.

Muchas veces se habla del cuidado en términos prácticos, movilidad, medicación o higiene, pero la parte emocional es igual de importante. Las personas mayores que han pasado por un evento como un ictus no solo están recuperando el cuerpo, también están adaptándose a una nueva etapa de su vida.

Para Maribel como nos comenta su cuidadora María “El hogar ayuda mucho en este sentido, porque estar rodeado de sus recuerdos y de su entorno habitual reduce la sensación de pérdida que puede aparecer después de una enfermedad”.

La brecha entre el deseo de envejecer en casa y la realidad

Mujer de la tercera edad regando las plantas de su patio

La mayoría de las personas mayores desea permanecer en su hogar, pero no siempre existen las condiciones necesarias para hacerlo. Problemas de accesibilidad, costos elevados, viviendas no adaptadas, entornos poco conectados y soledad no deseada dificultan que este deseo se cumpla.

En España el 22,7 % de las personas mayores enfrenta exclusión residencial, es decir, no puede cubrir adecuadamente sus necesidades de vivienda.

Este desfase entre el deseo de envejecer en casa y la capacidad real para hacerlo de forma segura y saludable plantea uno de los retos más relevantes de las políticas públicas en materia de vivienda, cuidados y envejecimiento.

Factores que dificultan envejecer en casa

Las tendencias actuales de cuidados domiciliarios en España están marcadas por la Estrategia Estatal para un nuevo modelo de cuidados, que busca garantizar el derecho a vivir de forma independiente y a ser incluido en la comunidad.

Mientras estas se valoran, estudian y preparan soluciones, las personas mayores y familias siguen encontrándose con diversos factores que les dificultan poder envejecer en casa. 

Condiciones de la vivienda

Muchos hogares no están preparados para las necesidades de las personas mayores. Entre los principales obstáculos se encuentran:

  • Accesibilidad limitada: ausencia de rampas, ascensores o puertas adaptadas.
  • Baños y cocinas poco seguros: duchas altas, suelos resbaladizos o muebles fuera de alcance.
  • Falta de adaptaciones personalizadas: la vivienda no siempre permite modificaciones para mantener la autonomía.

Según Maribel, “cualquier persona mayor en un domicilio debe de realizar una serie de modificaciones a medida que se hace mayor para facilitar su autonomía, en mi caso fue forzosamente antes, por lo que recomiendo tener una planificación. A mí me hubiera venido muy bien contar con ella en un momento tan delicado para pensar en tantas cosas”.

primer plano de la mano y brazo de una persona mayor agarrada a una barra de ayuda para el baño.

Asequibilidad económica

  • Costes elevados de alquiler o mantenimiento dificultan que las personas mayores mantengan un hogar seguro y cómodo.
  • Recursos limitados impiden realizar mejoras necesarias para adaptar la vivienda a nuevas necesidades.

Para palear el problema de la limitación de los recursos, bajo el punto de vista de la psicóloga y gerontóloga Sandra, “en los últimos años se observa una desinstitucionalización; esto se concreta en la reforma de las leyes de dependencia y discapacidad, cuyo objetivo es eliminar las incompatibilidades entre prestaciones y priorizar la asistencia personal y los servicios que permitan el envejecimiento en el hogar”.

Por otro lado, el problema de la vivienda actualmente no pasa desapercibido tampoco para la tercera edad.

En 2024, el 5,2 % de las personas mayores de 65 años vive de alquiler en España, cifra que ha aumentado desde el 3,2 % hace 20 años, con un crecimiento del 62,5 %.

Una de las alternativas en las que se está trabajando son las Viviendas alternativas y apoyo social integral, se trata de programas o iniciativas que buscan ofrecer a las personas mayores opciones de vivienda distintas a las residencias tradicionales, acompañadas de servicios sociales, sanitarios y comunitarios que les permitan vivir con más autonomía y calidad de vida.

Como nos indica Sandra “estos modelos de alojamiento combinan la privacidad del hogar con la seguridad de la supervisión profesional”.

Entorno urbano o rural

  • Falta de transporte público y servicios esenciales, especialmente en áreas rurales.
  • Entornos degradados, inseguros, con ruido o falta de acceso a comercios y hospitales, afectan la calidad de vida.

Paisaje rural de pueblo

Soledad no deseada

Cuando faltan redes de apoyo o el contacto social disminuye, el hogar puede convertirse también en un espacio de aislamiento.

La soledad no deseada es uno de los principales riesgos asociados al envejecimiento en el domicilio. No se trata únicamente de vivir solo, sino de la falta de relaciones significativas y de participación en la vida social. Esta situación puede afectar directamente al bienestar emocional y aumentar el riesgo de depresión, ansiedad o deterioro cognitivo.

La psicóloga y gerontóloga nos explica que “un entorno predecible, donde la persona conoce a sus cuidadores y comprende su plan de cuidados, puede reducir el estrés y la ansiedad. La continuidad en el domicilio también evita el llamado síndrome de relocalización, que muchas veces aparece cuando una persona mayor cambia de entorno”.

Para la especialista, el aislamiento no es necesariamente estar solo, sino la ruptura de la identidad social.

“El hogar no debería convertirse en una burbuja, sino en un nodo conectado con la comunidad”.

Mantener el contacto con el barrio, los vecinos o las redes de apoyo cercanas puede funcionar como un factor protector frente al deterioro emocional y cognitivo.

Tres hombres de la tercera edad sentados en el banco de una plaza de espaldas a la cámara conversando.

Prevención del aislamiento

En el cuidado domiciliario, la depresión, la ansiedad y el aislamiento forman un triángulo de vulnerabilidad que requiere intervenciones sistémicas.

En resumen, la experta nos revela la prevención del aislamiento articulada en tres estrategias clave:

  1. Fomento de la agencia social mediante la toma de decisiones compartida: la toma de decisiones compartida, que involucra a la persona en su plan de cuidados y refuerza su sentido de utilidad y autonomía, protegiendo su estado de ánimo.

  2. Prevención de la ansiedad mediante gestión de casos y continuidad ambiental: “un entorno predecible, donde la persona conoce a sus cuidadores y comprende su plan de cuidados, puede reducir el estrés y la ansiedad

  3. Mitigación del aislamiento social reforzando los vínculos, la pertenencia y los objetos de apego como activos de salud mental: El aislamiento no se define únicamente por la soledad física, sino por la ruptura de la identidad social. Según Sandra.

Cuidar en casa: el día a día del acompañamiento

María se encarga del cuidado de Maribel, prestando en el día a día cuidados y acompañamiento desde su domicilio.

Ella concluye que como cuidadora, “la autonomía de Maribel influye mucho en mi trabajo porque marca el ritmo de cómo organizamos el día y también el tipo de apoyo que necesita”.

A pesar de que el ictus le dejara secuelas importantes, ella quiere participar en tareas, tomar decisiones, ser activa en mantener sus rutinas, Por ejemplo, puede sentarse en su sillón a leer o decidir cuándo quiere salir a pasear, y yo me encargo de ayudar en aquello que físicamente necesita, relata María.

Mi trabajo no consiste sólo en hacer cosas si no en acompañar y facilitar que continúe haciendo todo lo que todavía puede hacer por sí misma. 

Desde el punto de vista de cuidadora observa en ella y en compañeras que aún hay que reforzar los recursos y el reconocimiento en los cuidados domiciliarios. Cada vez más personas desean envejecer en casa y reconoce que se necesitan más apoyos profesionales junto con formación continua para los cuidadores.

María reivindica que, sería positivo que existieran más recursos de descanso y acompañamiento para los cuidadores, ya que el cuidado a largo plazo puede ser exigente tanto física como emocionalmente.

Manos de cuidadora con una batidora de varillas, mientras la persona mayor participa sosteniendo el bowl.

Cuestión de dignidad, derechos y calidad de vida

La historia de Maribel refleja una realidad cada vez más presente en una sociedad que envejece: el deseo de seguir viviendo en casa incluso cuando aparecen problemas de salud o necesidades de apoyo.

Sin embargo, en la posibilidad real de hacerlo existe todavía una brecha y barreras importantes de accesibilidad siguen condicionando que muchas personas puedan envejecer en su propio hogar con seguridad y bienestar.

El cuidado domiciliario se está consolidando como una alternativa cada vez más relevante y la experiencia de profesionales como María demuestra que el acompañamiento en casa no consiste únicamente en cubrir necesidades básicas, sino en apoyar la autonomía, respetar las decisiones de la persona, mantener su participación y su sensación de valía.

El reto de los próximos años será reforzar este modelo mediante políticas públicas, servicios de apoyo y recursos que permitan adaptar las viviendas, profesionalizar los cuidados y fortalecer las redes comunitarias.

En un contexto de envejecimiento demográfico, garantizar que las personas puedan permanecer en su hogar si así lo desean no solo es una cuestión de bienestar individual, sino también de dignidad, derechos y calidad de vida.

Como señala Sandra, el sistema de cuidados debe avanzar hacia un modelo más flexible y centrado en la persona.

En su opinión, es fundamental que el sistema sea poroso y capaz de adaptarse a las distintas trayectorias vitales, priorizando siempre la voluntad de cada persona.

Concluye indicándonos que “la clave reside en ofrecer los apoyos necesarios para que cada uno pueda elegir cómo y dónde quiere vivir: permaneciendo en su hogar, optando por una residencia como entorno de seguridad o transitando nuevamente hacia la comunidad. En definitiva, el entorno debe adaptarse a la persona y no al revés”.

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