La salud psicológica del anciano

Una buena salud psicológica del anciano es imprescindible ya que no solo nuestro estado físico cambia con el paso del tiempo. También nuestra mentalidad, ideas y pensamientos se transforman en el proceso de la vejez. Cuidar no sólo de nuestro cuerpo, sino también de nuestra mente, nos ayudará a afrontar positivamente el devenir del tiempo y sus consecuencias. Es importante mantener una buena salud psicológica y emocional para ello.

La salud psicológica del anciano

El envejecimiento plantea varios retos a nivel psicológico y emocional. Dejando a un lado diversas patologías que influyen en la mente racional, en general, el anciano puede convertirse en una persona vulnerable. La soledad y el aislamiento de nuestros mayores es un factor a tener en cuenta para evitar su decaimiento. Así como algunos ancianos se adaptan perfectamente a esta nueva etapa, otros pueden sentirse perdidos y frustrados.

Teniendo en cuenta que  se dan cambios físicos y limitaciones en la autonomía, es necesario evaluar su salud emocional. El anciano suele disponer de un tiempo libre extenso. Es importante que se sigan sintiendo útiles, del mismo modo que es fundamental contar con sus opiniones y que se sientan escuchados. El hecho de sentirse una carga para los familiares, la pérdida del cónyuge o de amistades o una enfermedad incapacitante, puede acarrear problemas psicológicos graves. Según la OMS, la depresión unipolar afecta a un 7% de la población de ancianos. Por tanto es bueno vigilar síntomas y hacerles frente.

Identificando la depresión en la tercera edad

Se tiende a pensar que la depresión es un estado inherente a la tercera edad. Pero existen tantas maneras de afrontar dicha etapa como personas que la experimentan. Siempre es necesario acudir a profesionales para diagnosticar cualquier trastorno mental pero conocer los síntomas de la depresión nos ayudará a reconocer el problema:

  • Vacío, tristeza patológica.
  • Irritabilidad, agresividad.
  • Desánimo,  nula motivación ante cualquier actividad.
  • Aislamiento, introspección.
  • Ansiedad, estrés.
  • Sentimientos de culpa.
  • Trastornos alimenticios y del sueño.
  • Cansancio físico y mental continuados.
  • Ausencia de placer.
  • Pensamientos negativos, ideas suicidas.

Los síntomas descritos pueden suponerse como consecuencias directas de la vejez, lo que sería un error. De igual modo que reconocer la soledad como un factor ligado a su edad. Cada vez hay más ancianos viviendo solos y muchas veces no pueden contar con recursos sociales o familiares. Estas situaciones las convierten en personas vulnerables, ya que la soledad es un factor de riesgo. 

Fomentando la salud emocional

El estado emocional de nuestros mayores se puede mejorar mediante hábitos saludables. Una vida activa dentro de sus posibilidades es de vital importancia. También disponer de ayudas externas que faciliten la autonomía de la persona, así como una buena asistencia sanitaria y social en general.

Está demostrado que el ejercicio físico mejora la salud mental y aumenta la participación social. El hecho de establecer una rutina de ejercicios sencillos, puede mejorar notablemente nuestra calidad emocional. Salir a caminar en compañía, disfrutar del aire libre y proponernos nuevos retos, mejorarán la motivación del mayor. Precisamente, el hecho de sociabilizar y no perder los círculos íntimos, es fundamental para evitar el aislamiento. Participar en actividades terapéuticas, promover el ocio y compartir el tiempo libre, ayudaran a tener una salud psicológica óptima.  Del mismo modo, involucrar al mayor en ámbito familiar, contar con su opinión y motivarlo en la toma de decisiones. El anciano no debería sentirse anulado sólo por su edad, sus condiciones físicas o su estado cognitivo. El promover su autonomía y el hecho de ser tenido en cuenta, será más que favorable para su día a día.

Psicogerontología, una especialidad a tener en cuenta

La psicogerontología es una especialidad dentro de la psicología  que estudia el proceso de la vejez y busca fomentar  el bienestar de los ancianos y de sus cuidadores. Un psicogerontólogo se encarga de evaluar y diagnosticar el estado cognitivo y emocional del anciano, así como de la aplicación de las terapias necesarias. Del mismo modo presta asesoramiento a la familia y cuidadores, guiándolos en el proceso de su familiar. También actúa en centros especializados y agencias del cuidado, aunque aún es una figura no lo suficientemente extendida en este ámbito.

Del mismo modo que contamos con especialistas en las primeras etapas de la vida, sería más que necesario recibir la atención del gerontólogo y/o psicogerontólogo en la tercera edad. Su intervención en las distintas enfermedades asociadas a esta etapa y en la salud emocional del mayor, serán clave para un envejecimiento activo y de calidad. 

El psicogerontólogo también debe estar presente en el ámbito social, encargándose de promover programas sociales y preventivos. El reto de favorecer un envejecimiento activo no es sólo una cuestión del propio individuo, si no que debe impulsarse desde distintas áreas sociales, centros de la tercera edad, asociaciones, educación, etc. En todos estos ámbitos, la psicogerontología juega un papel fundamental. 

 

En definitiva, la tercera edad es una etapa donde la vulnerabilidad y el riesgo de exclusión se acentúan. Las emociones y los sentimientos de nuestros mayores han de ser tenidos en cuenta. La tendencia al aislamiento puede prevenirse mediante distintas actividades y distintos profesionales que mejorarán sustancialmente la calidad de vida de nuestros seres queridos.

 

 

 

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