Ley de la dependencia 2017: grado 1 y grado 2

La ley de la dependencia 2017 en España sigue en el mismo punto que de costumbre. El sistema de atención a la dependencia, la promoción de la autonomía personal y la protección de la persona con dependencia son los aspectos fundamentales que articulan la ley.

El estado asume la responsabilidad de garantizar una vida digna y con el soporte necesario. Aquellas personas que lo necesitan contarán con el conjunto de recursos, servicios y prestaciones públicas y privadas debidamente acreditadas.

La ley de la dependencia 2017

Fue presentada a principios de año y aprobada a finales del año 2006. Esta ley surgió debido a un contexto poblacional y demográfico ante perspectivas y estadísticas que avanzaban un escenario desfavorable. Por ejemplo, en 2008 se llegó a los 2 millones de personas con una dependencia grave y alta.
El contexto familiar español tiene una tendencia a que un miembro de la familia (generalmente la mujer) asuma el rol del cuidado. Sumando la necesidad de atención de los propios familiares, el desempleo y los bajos ingresos económicos, esta ley surgió generando mucha esperanza.
La mujer familiar que ejerce el rol de cuidador es tanto la madre como la hija como la esposa. Por ello, era de suma importancia que se articulara con una serie de beneficios esta labor tan necesaria.
Las expectativas fueron tan altas como la consiguiente decepción posterior.

Grados de dependencia

La ley establece grados de dependencia diferentes. Estos se determinan en base a la mayor o menor necesidad que posee la persona de recibir la ayuda de otra para poder llevar a cabo las tareas básicas de su rutina diaria. Así, hablamos de dos grados de dependencia.

Dependencia grado 1

la dependencia moderada es la persona que necesita un apoyo intermitente diario. Es decir, para realizar las tareas básicas de la vida diaria, pero no más de 1 vez al día. Este es el grado de dependencia más bajo de los tres grados existentes.

Constituye el grado de dependencia calificado como moderado. A este pertenecen las personas que requieren ayuda temporal hasta que recuperen la autonomía que, transitoriamente, han perdido. Cuando la persona vuelve a gozar de las facultades físicas y cognitivas de las que disfrutaba anteriormente, el servicio deja de prestarse.

Ejemplo de este tipo de pacientes dependientes de grado 1 son aquellos que se han sometido a una operación o que han sufrido un accidente.

La cuidadora les asistirá en la realización de todas las labores del día a día y les ayudará y acompañará en el proceso de rehabilitación hasta lograr, juntos, la recuperación total.

Asimismo, dentro de este grado de dependencia se incluye un segundo grupo de personas. Se trata de aquellas que tienen necesidades permanentes para realizar algunas actividades, pero poseen la autonomía para desarrollar la mayor parte de las acciones y tareas diarias.

Ejemplo de este segundo tipo de personas dependientes de grado 1 pueden ser aquellas que requieren de ayuda para comprar y realizar las tareas básicas del hogar como limpiar, planchar o cocinar.

En estos casos, la cuidadora efectuará estas labores y, al mismo tiempo, supondrá una beneficiosa compañía semanal, pues estará pendiente de cualquier nueva atención que la persona requiera.

Dependencia grado 2

El grado 2 es la dependencia severa es la persona que precisa de apoyo 3 veces al día. En estos casos, la pérdida de autonomía es casi total. Y puede ser desde el plano físico, mental, sensorial o psíquico. Este grupo de personas son atendidas de forma primordial y preferencial.

También denominado grado de dependencia severa, poseen este grado las personas que requieren de ayuda diaria, pero de manera puntual (dos o tres veces al día). Es decir, aquellos que no necesitan el apoyo permanente de un cuidador, pero sí una asistencia fija y estable.

Ejemplo de pacientes dependientes de grado 2 son personas que necesitan ayuda para, al comienzo del día, levantarse y asearse y para, al final de este, acostarse.

Habitualmente, estas personas suelen avanzar, progresivamente, hacia una dependencia total, de forma que requerirán un servicio de cuidadora interna con el que disfruten de unos cuidados completos e integrales. Durante este proceso de pérdida de autonomía, la cuidadora se adaptará a las nuevas necesidades asistenciales que vayan surgiendo, de modo que hará más sencillo y llevadero este proceso tanto para la persona dependiente como para su familia.

La ley de dependencia y el cuidado de ancianos

Cabe destacar que las personas mayores no son, necesariamente, personas con diferencia. Ni las personas con dependencia han de acusar necesariamente la vejez. No obstante, la ley de dependencia aplica a todos aquellos colectivos, de mayor o menor edad que necesiten de apoyo para realizar las tareas del día a día.
Cualquier discapacidad física, cualquier demencia, cualquier discapacidad psíquica y cualquier enfermedad que merme la autonomía de la persona. Son objeto de atención para enfocar todos los recursos destinados a través de los poderes públicos.

En cuanto al cuidado de ancianos, existen de necesidades de todo tipo. Pero lo más habitual es que todos ellos estén desatendidos. Los pocos privilegiados que cuentan con la ayuda a la dependencia son aquellos que cuentan con 300-400 € para destinarlos a alguna empresa. Esta cuantía les permite una minoría de horas semana ya que suelen no superar las 10 horas semana.

Las poblaciones pequeñas

Cabe destacar las tremendas complicaciones añadidas cuando la situación de dependencia se produce en una pequeña localidad o aldea. Gran parte de la población mayor de España, vive en poblaciones pequeñas. Esto supone una complicación añadida debido a la falta de red y recursos que afecta a algunas poblaciones aisladas. Se podría decir, que en estos casos, la información de la ley de la dependencia ni siquiera llega.

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