¿Son los familiares de dependientes las segundas víctimas de la enfermedad?

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Lorenzo Gómez

Por: Lorenzo Gómez

Periodista, redactor experto en gerontología

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El ciclo de la tercera edad es cada vez más prolongado. En ocasiones, adaptarse a las circunstancias del mayor para cuidarlo puede significar un cambio brutal (y muchas veces imposible) para muchas familias. El papel que asumen estas personas, más el hecho de tener que conciliarlo con las responsabilidades propias, puede resultar agotador y agobiante. Asimismo, suele ser una situación repentina difícil de gestionar.

Cuidar de un familiar no es tarea fácil

Cuidar a un familiar suele generar cambios en nuestro estilo de vida. En ocasiones, hay que hacer malabares para mantenerlo todo bajo control: Trabajo, hijos, vida social, tareas del hogar, etcétera. Todo esto significa sacrificio y desgaste. Estas situaciones pueden llegar a ser desbordantes y desencadenar sentimientos dañinos para la salud mental y física como: Estrés, ansiedad y/o depresión. Es a partir de aquí cuando florecen sentimientos como la culpa, el miedo, o incluso la autocompasión.

Y no es de extrañar dado que es el familiar quien asume las principales tareas de cuidado del enfermo: Asume la responsabilidad que ello acarrea, es percibido por el resto de los familiares como el responsable del cuidado del enfermo, y no es remunerado económicamente.

Pero aún sabiendo todo esto ¿por qué no logramos estar satisfechos?

La culpabilidad es un sentimiento común entre los que cuidan. Muchos de los familiares que compaginan esta tarea con las personales del día a día pueden sentirse culpables por varios motivos:

  • Afrontar un posible ingreso en residencia.
  • Por dedicarse tiempo a sí mismos pensando que lo restan del tiempo dedicado a cuidar.
  • Por discusiones con otros miembros de la familia que no colaboran en el cuidado.
  • Por descuidar otras responsabilidades familiares.
  • Por tener que tomar decisiones difíciles respecto a la salud y los cuidados de la persona atendida sin sentir que tienen las capacidades para hacerlo.

Muchos de los familiares que compaginan esta tarea con las personales del día a día llegan a desbordarse, sienten que no están dando a sus familiares todo lo que merecen y/o piensan que no se vuelcan lo suficiente. Si miramos el problema con perspectiva, nos daremos cuenta de que el día no da para tanto y tendríamos que dejar de lado algunas obligaciones (si esto es posible) para atender otras.

Sobrecarga

Los familiares encargados de cuidar a sus parientes son descritos como segundas víctimas de la enfermedad. El problema de la dependencia no solo afecta a quien la padece, sino también a quienes tienen que facilitar las ayudas necesarias para que pueda seguir viviendo dignamente.

Pero ¿qué es la sobrecarga y en qué medida se sufre?

La sobrecarga se entiende como el grado en que la persona cuidadora percibe que el cuidado ha influido sobre diferentes aspectos de su salud, vida social, personal y económica. Son numerosas las evidencias del impacto que genera el cuidado en la salud física y mental de la persona cuidadora. Y así lo evidencian diferentes estudios. Según el IMSERSO, la tarea de cuidar afecta en mayor medida a la salud psicológica.

Una posible solución

En estos casos, donde el día no da para más y las responsabilidades no menguan, es momento de pensar en delegar el cuidado a una persona externa al núcleo familiar. De esta manera, aprenderemos a sentirnos menos responsables de la situación y, poco a poco, conseguiremos descargar dichas presiones encomendando las tareas del cuidado a una persona profesional. Asimismo, desde AiUDO, trabajamos para fomentar la permanencia del adulto en el hogar mediante la selección de cuidadoras de confianza. De esta manera, destruiremos estos síntomas engorrosos como son: la carga física y psicológica, el miedo y el estrés (también tóxicos para la persona a cuidar). Y ganaremos en tranquilidad, bienestar y, lo que es más importante, en calidad de vida.

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