Ser abuelo sin familia: una historia de Soledad

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Thaïs Soria

Por: Thaïs Soria

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Llegamos sofocados a casa de Soledad Martínez. Hace calor. Mucho calor. Pero Soledad nos recibe con una amplia sonrisa dibujada en la cara y con los maravillosos 23ºC que nos proporciona un aire acondicionado que, nunca mejor dicho, es un soplo de aire fresco en plena ola de calor en Valencia. Nos ofrece agua fresca y unas galletas recién horneadas; si por algo se caracteriza esta mujer es por su hospitalidad (¡Cómo olvidar las croquetas con las que recibió la última vez a nuestro compañero Ricardo!).

Hablamos con una mujer adelantada a su tiempo

Primer plano de Soledad Martínez, mujer entrevistada en el Día Mundial de los Abuelos

Soledad es muy querida en Aiudo porque lleva muchos años requiriendo los servicios de nuestras cuidadoras y varios miembros del equipo la conocen personalmente. Siempre dispuesta a recibirnos con alegría, parece disfrutar de nuestra compañía, aunque el placer, como siempre, es absolutamente nuestro. No obstante, en esta ocasión no hemos acudido a su casa para hacerle ningún tipo de seguimiento ni tampoco para comentar aspectos relacionados con las facturas. Hemos querido visitarla para entrevistarla, porque hoy se celebra el Día Mundial de los Abuelos y las Abuelas y consideramos que su testimonio puede ser perfecto para ofrecer una visión diferente de este día.

Soledad no tiene nietos porque en su juventud decidió no regirse por la norma imperante y no quiso tener hijos. Estuvo casada durante cincuenta años con Paco, hombre al que emocionada dice haber amado profundamente. Soledad y Paco no fueron la típica pareja que tenían como objetivo comprarse una casa y tener muchos hijos, no. Ellos querían viajar y vivir la vida de forma distinta. Por eso, juntos recorrieron medio mundo en una época en la que a las mujeres se les decía que se les iba a pasar el arroz si no habían parido a los 25, aunque esto nunca supuso un problema para ella.

Lo que sucede ahora es que, a sus 85 años, Soledad vive sola y no tiene a nadie. Hace algunos años que Paco falleció y fue entonces cuando se dio cuenta de que el tiempo no perdona; las fuerzas de antaño habían desaparecido y empezaba a verse limitada por los achaques propios de la edad. “¡Quién me ha visto y quién me ve!”, exclama con pesar. Es por esto que un día, buscando los servicios de cuidadores a domicilio, nos encontró y no dudó en llamarnos, solicitando el apoyo de una cuidadora que le hiciera compañía y le ayudara con los quehaceres diarios.

En Aiudo nos sentimos muy orgullosos de saber que gracias a labor que realizamos, muchos ancianos no tienen que pasar sus días solos, pues cuentan con la asistencia de nuestros cuidadores, con quienes en muchas ocasiones, acaban entablando una bonita relación que va más allá de lo laboral, como es el caso de Soledad y su cuidadora Teresa. Tendríais que verlas. ¡Estas mujeres simplemente se adoran!

Una forma diferente de conmemorar el Día Mundial de los Abuelos

Fotografía de Soledad para conmemorar el Día Mundial de los Abuelos

Teresa y Soledad disfrutan pasando tiempo juntas. Soledad afirma que Teresa le ha devuelto las ganas de mantenerse activa: “Juntas cocinamos, damos largos paseos y, sobre todo, charlamos sobre la vida. Sin duda alguna, Teresa se ha convertido en un pilar indispensable para mí y no me imagino sin ella; es la nieta que nunca tuve”.

Su complicidad llegó a nuestros oídos y por eso hemos querido ser testigos de esta maravillosa relación que han creado, pues, en Aiudo, escuchar historias como esta nos impulsa a seguir dando lo mejor de nosotros mismos.

Teresa por su parte nos cuenta: “Soledad me recuerda a mi abuela de Venezuela, a la que llevo años sin ver. Desde el primer momento noté una conexión especial entre nosotras; nos entendíamos a la perfección y, después de 3 años cuidándola, puedo afirmar que la quiero mucho y que espero seguir a su lado muchos años más”.

Nos despedimos de ambas mujeres con sensación de plenitud y satisfacción. Entre risas, nos cuentan las últimas anécdotas, algunas de ellas tan entrañables como la de aquella vez que Teresa consiguió que el ayuntamiento replantara los árboles que talaron frente a la casa de Soledad, y que a ella le alegraban la vista cada mañana desayunando en el balcón. Sin duda alguna, por historias como esta es por lo que vale la pena todo lo que hacemos.

Esperamos volver pronto para seguir conociendo de primera mano cómo se desarrolla la amistad entre Teresa y Soledad, cuyo vínculo es más fuerte que muchos lazos familiares.

¡Feliz día de los Abuelos y las Abuelas!

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