El divorcio llama a las puertas de la tercera edad

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Lorenzo Gómez

Por: Lorenzo Gómez

Periodista, redactor experto en gerontología

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Si el amor no tiene edad tampoco el desamor. Con la jubilación, la esperanza de vida ha aumentado y con ello la edad media de los divorciados. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y del Instituto de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO) más de 1.000 parejas mayores de 70 años se han divorciado durante el último año.

Aunque no se trata de la franja de edad más representativa sí es una de las que más se ha ido incrementando durante los últimos años hasta el punto de arrastrar la edad media de divorcios en España a los 49 años.

El aumento de divorcios en la tercera edad ha arrastrado la edad media de éstos hasta los 49 años

Añadiendo desgaste al desgaste

Anciana padeciendo de soledad por su divorcio.

Expertos en la materia como psicólogos y asesores matrimoniales apuntan a causas que van más allá del aumento de la esperanza de vida. “La jubilación es un punto crítico para muchas parejas, ya que al desgaste propio de los años de matrimonio se suma el aumento de las horas de convivencia de la pareja y el cambio de hábitos y rutinas entre ellos”, señala la psicóloga sanitaria experta en terapia de pareja Celia Alcaide.

Alcaide también apunta a la pandemia como una causas que ha repercutido “negativamente” en las relaciones matrimoniales. “Las personas mayores han sido privadas de actividades y rutinas diarias como paseos, reuniones sociales o los mismos viajes del Imserso. Ante esto habría que trabajar en recuperar el diálogo, la comunicación y la búsqueda de actividades en común para reconectar a la pareja”, explica.

El caso de Lola

La soledad ha hecho mella en Lola dos años después de su divorcio. A los 71 años se separó de Ramón (nombre ficticio para no comprometer a su ex pareja) buscando una liberación que no ha sido realmente tal. “La relación empezó a deteriorarse más rápidamente cuando él se jubiló y ya llevábamos años hablando de la posibilidad de romper el matrimonio”.

Pese a las recurrentes discusiones entre ambos se mantenían en compás de espera de la emancipación de su hijo menor. “Nuestra situación económica no era buena, vivíamos con una pensión de 900 euros de mi exmarido lo que nos dificultaba mucho la posibilidad de ayudar a Marcos, tanto en el alquiler como en la compra de una vivienda”.

La pareja esperó a que su hijo menor se mudara con su pareja para finiquitar el matrimonio

Fue semanas después de que su hijo Marcos se mudara con su pareja cuando Lola y Ramón se sentaron y decidieron dar el paso de finiquitar un matrimonio de 41 años. “Aunque es necesario y liberador para ambos también es triste dejar atrás tanto años juntos”.

Pero la peor parte de lo que suponía este punto de no retorno estaba aún por llegar para Lola. “No hay posibilidad de volver a lo que tenías antes porque tu vida y tu mundo ya ha cambiado demasiado”. Lola se apoyó en su familia como un pilar fundamental para superar esto y decidió cambiar de hogar.

“Me fui a vivir con mi hermana, que es viuda, y con sus hijos a la ciudad. Mi vida ha cambiado mucho porque antes vivíamos en un pueblo pero odiaba los ‘cuchicheos’ de la gente”. Una situación, la de la presión social que causa un dolor añadido a la soledad que ahora sufre. “Mi vida ha cambiado porque ahora es todo como una balsa de aceite pero después de más de 40 años echas de menos algunas cosas que te daba el matrimonio”, concluye.

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