Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar

Andrea, cuidadora de Aiudo: «La clave es demostrarles que estás ahí para ayudarles y hacerles la vida más fácil»

Hay un día dedicado a aquellas que siempre dedican sus días a otros. Hay un día en el calendario que reconoce el valor de 600.000 personas en España y 70 millones en el mundo. Es el 30 de marzo, el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar.

Tras las paredes de muchos domicilios, como ayuda necesaria para poder levantarse, como reunión de conocimientos domésticos, físicos y psicológicos, como punto de apoyo en multitud de paseos, como la voz que da paz cuando parece que todo empieza a borrarse, como compañía vital, se alzan las cuidadoras de personas mayores.

600.000 personas en España y 70 millones en el mundo celebran este 30 de marzo el Dia Internacional de las Trabajadoras del Hogar

En el día en el que el mundo reconoce a las trabajadoras del hogar, qué mejor que obviar la redacción de un texto que hable en tercera persona y dar voz a quien, además de las tareas de la casa, se encarga de la atención de los que en ella habitan: las cuidadoras.

Por ello, hemos querido charlar con una cuidadora de una de nuestras familias Aiudo. Se llama Andrea y tiene 37 años.

 

 

Hola, Andrea. Es un placer que nos cuente su experiencia como cuidadora. ¿A quién cuida en este momento?

¡Hola! ¡Encantada de hablar sobre mi trabajo!

Actualmente, por las tardes cuido a un matrimonio que padece alzhéimer. El señor lo tiene más avanzado que la señora, por lo que están en diferentes etapas de la enfermedad y debo adaptarme a las necesidades tan diferentes de cada uno. Mientras que la señora tiene mayor autonomía, el señor es completamente dependiente y requiere una atención constante.

 


¿Qué labores concretas realiza en el domicilio?

Nada más llegar reviso que todo está bien, les preparo la merienda y, más tarde, también la cena. Mientras les atiendo en lo que requieren, hago las tareas del hogar como limpiar o planchar la ropa. Me gusta mantener todo impoluto para que ellos se sientan cómodos en todas las estancias. Y, por deferencia también a la cuidadora que va por las mañanas, para no cargarle a ella el trabajo que a mí me corresponde.

 

Gracias a que cuidamos a personas de tan variadas patologías y caracteres, las cuidadoras vamos adquiriendo un sexto sentido sobre qué es lo que precisa cada paciente

¿Siempre ha trabajado de externa?

No, he trabajado tanto de cuidadora interna como de externa.

Tengo experiencia en los dos tipos de jornada y tengo que decir que en ambas me encuentro cómoda. Ahora, como comentaba, estoy trabajando de cuidadora externa, pero anteriormente, he trabajado como interna y estuve muy a gusto.

 

¿Cómo era una jornada normal cuando estaba de interna?

Cuidaba a una señora. Por la mañana la levantaba y le ayudaba a asearse. Tras prepararle el desayuno, la acomodaba en el salón para que disfrutase de un rato de ocio y yo al mismo tiempo lavaba la ropa y recogía toda la casa.

Tras compartir un rato de conversación y entretenimiento con ella, preparaba la comida y le ayudaba a tomársela.

Por la tarde jugábamos a juegos de mesa, merendábamos y veíamos la televisión comentando animadamente los programas. Al fin y al cabo, lo que más necesitan, más allá de las puras tareas del hogar, es compañía. Por ello, me gusta especialmente prepararles actividades de ocio para que su día sea entretenido y agradable.

Tras dedicar también un tiempo a la limpieza del hogar, elaboraba la cena y después de que se la tomara, fregaba la cocina por completo. Antes de dormir, compartíamos un rato de charla y, tras ello, la acostaba.

Mi jornada no terminaba todavía en ese momento. Repasaba el hogar por si había algo que volver a limpiar o a recoger y me acostaba a descansar. Pero, siempre alerta por si durante la noche la señora requería mi ayuda.

Lo que más necesitan, más allá de las puras tareas del hogar, es compañía

 

¿Cuánta experiencia tiene como trabajadora del hogar?

Llevo trabajando en esta profesión 10 años. En el primer domicilio que empecé estuve 4 años seguidos. Desde entonces, no he dejado de trabajar de ello.

 

¿Ha cuidado a personas con dolencias diferentes?

Sí, he cuidado desde personas totalmente dependientes a las que aseaba en la cama y les practicaba movilizaciones y cambios posturales, hasta personas con un alzhéimer muy avanzado que necesitaban atención no solo física, sino también cuidados psicológicos.

Gracias a que cuidamos a personas de tan variadas patologías y caracteres, las cuidadoras vamos adquiriendo un sexto sentido sobre qué es lo que precisa cada paciente.

Soy una persona que siempre está pendiente de mi familia para ayudarles en todo lo que precisan y sabía que este trabajo me iba a gustar

 

¿Por qué decidió trabajar de cuidadora?

Soy una persona que siempre está pendiente de mi familia para ayudarles en todo lo que precisan y sabía que este trabajo me iba a gustar y, también, a llenar profesionalmente. En la primera semana de comenzar ya supe que esto era a lo que me quería dedicar.

 

¿Qué es lo que más destaca de su labor?

Soy extremadamente limpia y muy trabajadora. No me lo digo yo, es lo que me dicen las familias [sonríe con orgullo]. Me gusta estar haciendo tareas todo el tiempo.

Aunque, sin duda, creo que mis mayores virtudes son la paciencia y la empatía. No ya mis virtudes, sino las de todas las cuidadoras.

Estas son la clave para prestar los mejores cuidados. Por ejemplo, llega un momento en que padecen una demencia tan avanzada que a lo mejor se niegan a abrir la boca para comer. Hay que entender lo que pasa y tener la paciencia de hacerles entrar en razón poco a poco, con tacto y comprensión.

 

Y de la familia, ¿qué es lo que más valora?

Que depositan su confianza en mí. He tenido la suerte de que nunca han estado detrás de mí en cada tarea. Conozco a compañeras que les ha pasado y se hace muy pesado porque no puedes desarrollar bien tu trabajo.

Sin embargo, en todos los domicilios que he estado me han dado plena libertad para atender el hogar como según mi experiencia yo consideraba.

 

¿Cuál ha sido su mejor experiencia como cuidadora?

Han sido muchas porque he vivido y sigo viviendo momentos muy buenos. Pero, si tuviera que destacar una, diría una vez que supe la dolencia que padecía la señora que cuidaba y que de no haberlo sabido, la situación se hubiera agravado.

Le cuento. Cuidaba como externa a una señora y cada vez que llegaba al domicilio le notaba las piernas más y más hinchadas. La familia consideraba que era algo normal, propio de la poca movilidad. Yo, anteriormente, ya había cuidado a una señora que le sucedía esto y sabía que era por retención de líquidos.

Entonces, le dije a la familia que la llevaran a urgencias porque la dolencia iba a ir a más. Cuando llegaron del hospital, me dieron las gracias por mi diligencia porque gracias a ella pudieron actuar a tiempo. Con el paso de los días, las piernas se le deshincharon por completo.

Nunca digo que algo es difícil porque solo se trata de aprenderlo

 

¿Qué es lo más difícil de ser cuidadora?

La verdad es que nunca digo que algo es difícil porque solo se trata de aprenderlo. Para que se rían, les voy a contar algo que me pasó en la primera casa que estuve. La señora me pidió que hiciera una tortilla de patata y yo no sabía hacerla. Ella muy amablemente me enseñó y yo, al cabo de unos días, acabé haciendo tortilla para todos.

Más allá de esto, por responder a la pregunta, lo más complicado es el inicio, la llegada al hogar. Normalmente, las personas mayores se muestran reticentes a recibir los cuidados de alguien desconocido. Ahí es cuando entra en juego nuestra mano derecha y poco a poco le vamos demostrando que si estás aquí es, simplemente, para hacer su vida más fácil y confortable.

Esto me pasó en gran medida una vez y me enseñó a afrontar la situación para ocasiones futuras. Comencé a trabajar en un domicilio y al principio, el trato era muy complicado porque la señora se negaba en rotundidad a que una cuidadora estuviera en su hogar. Cuando finalizó mi contrato, no quería que me fuera. De hecho, me quedé, incluso, más tiempo. Concretamente, medio mes más.

 

¿Cómo se plantea el futuro, le gustaría seguir siendo cuidadora?

Es mi profesión y es a lo que me quiero seguir dedicando. Ahora quiero ver crecer a mi hijo y por ello trabajo como externa. Pero dentro de un tiempo, cuando mi hijo sea mayor de edad, me gustaría volver a trabajar como cuidadora interna, pues disfrutaba ejerciendo mi labor durante toda la jornada.

Estas palabras de Andrea demuestran la enorme tarea asistencial que lleva unido el término “trabajadoras del hogar”. Trabajan en el hogar y para el hogar. Esto es, para todas las personas que en él habitan, pues no mejoran solo la vida de ellos, sino la de toda la familia.

Como transmite Andrea y como tantas cuidadoras nos repiten, esto no es un empleo cualquiera, esto es una verdadera vocación. Así lo demuestran en cada familia con la que están y a cada persona a la que atienden.

Si solo fuera un empleo perdería su mayor virtud: la generosidad con la que son capaces de dejar de lado su propia familia para atender las necesidades de la persona a la que cuidan. No son empleadas del hogar o cuidadoras de personas. Son mucho más que ello, son cuidadoras de familias.

En Aiudo creemos que las personas sacamos nuestra mejor versión no solo cuando ayudamos a los demás, sino cuando nos dejamos ayudar.

Entradas relacionadas

Esclerosis múltiple: qué es, síntomas y avances

Ingreso Mínimo Vital y cuidadoras: requisitos y plazos

Qué es la disfagia en ancianos: causas y tratamiento

10 consejos para los paseos de las personas mayores durante el desconfinamiento

Los más leídos

Cuidado a domicilio

Aceptando el cuidado

El cuidado por horas

¿Qué es una interna?