Síndrome de fatiga crónica: qué es, síntomas y tratamiento

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Lorenzo Gómez

Por: Lorenzo Gómez

Periodista, redactor experto en gerontología

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Es común en la tercera edad estar durante el día algo cansado. Las piernas no responden de igual manera que cuando se era más joven y el cuerpo parece menor enérgico. Esto puede deberse a varios factores, uno de ellos, el síndrome de fatiga crónica.

¿Qué es el síndrome de fatiga crónica?

El síndrome de fatiga crónica (SFC) es un trastorno que afecta a múltiples partes del cuerpo, experimentando el paciente un fuerte cansancio persistente. Se calcula que en España existen entre 15.000 y 90.000 casos, muchos de los cuales no estarían, aún, diagnosticados.

Aunque el síndrome de fatiga crónica no acorta la vida, sí la limita. La rutina de la persona que la sufre puede verse gravemente alterada, al verse imposibilitado a realizar actividades cotidianas, de ahí que su tratamiento incluya la validación de la discapacidad.

Causas del síndrome de fatiga crónica

Se desconocen las causas que provocan la aparición del síndrome de fatiga crónica. En la actualidad, los investigadores continúan intentando averiguarlas, siendo las siguientes las que creen más posibles:

  • Infección. El 10% de las personas que desarrollan determinadas infecciones van a padecer SFC. Sucede, sobre todo, en el caso de los pacientes que sufren el llamado virus de Epstein-Barr (un virus perteneciente a la familia de los herpesvirus y causa principal de la mononucleosis).
  • Cambios en el sistema inmunitario. Cuando el sistema inmunitario responde a una enfermedad o a circunstancias de especial ansiedad, como consecuencia de tales cambios puede desarrollarse este síndrome.
  • Desequilibrios hormonales. Es frecuente que los pacientes con este síntoma presenten niveles anormales en sangre de las hormonas que se producen en lugares como el hipotálamo, la hipófisis o las glándulas suprarrenales.
  • Estrés mental o físico. La mayoría de personas en las que se desencadena el SFC han estado expuestas a un estrés mental o físico meses antes del diagnóstico.
  • Producción de energía. Aunque todavía no se sabe por qué, se ha constatado que las células de los pacientes que sufren fatiga crónica obtienen la energía de forma diferente a las personas sin esta dolencia.
  • Factores genéticos o ambientales. Las mujeres son más propensas a sufrirlo.

Así, no hay una causa concreta que sea la desencadenante de este síndrome, sino que los investigadores parten de la convicción de que se trata de una combinación de múltiples factores que van desde infecciones virales hasta el estrés emocional.

Grados de la fatiga crónica

Los especialistas han establecido una escala de afectación funcional de la fatiga crónica:

  • Grado I (leve). En esta fase, el afectado ve reducida su actividad a la mitad con respecto al escenario anterior, aunque todavía puede desempeñar una vida normal.
  • Grado II (moderada). El día a día del paciente se ve notablemente perjudicado, pues su actividad se reduce a una tercera parte de la que realizaba anteriormente.
  • Grado III (grave). El paciente debe permanecer en cama al no poder llevar a cabo ninguna acción o esfuerzo, por mínimos que estos sean. En esta fase, precisa de la atención permanente de una persona que le asista en todas y cada una de las actividades cotidianas.

Fatiga crónica: síntomas

Como podemos apreciar en su propio nombre, el síntoma principal de las personas que padecen el síndrome de fatiga crónica es la fatiga permanente y, en algunos casos, totalmente inhabilitante.

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Además de la fatiga, esta afección se manifiesta a través de otros síntomas:

  • Dolor generalizado sin motivo aparente (especialmente, dolor de garganta, de cabeza y articular. En el caso de este último dolor, no viene acompañado de enrojecimiento o hinchazón).
  • Aumento del tamaño de los ganglios linfáticos (tanto los de la garganta como los de las axilas).
  • Sensación de profundo malestar después de realizar un esfuerzo físico o mental, empeorando notablemente el resto de síntomas.
  • Problemas para dormir, sueño no reparador, lo que origina una somnolencia diurna.
  • Sudores nocturnos.
  • Escalofríos.
  • Mayor sensibilidad a los olores, las sustancias químicas y determinados alimentos.
  • Intestino irritable (lo que provoca alteraciones del ritmo intestinal, alternando diarrea y estreñimiento).
  • Dificultad para pensar, memorizar o concentrarse. Problemas para recordar episodios recientes.
  • Mareos, problemas para sostenerse erguido y mantener el equilibrio. En algunas ocasiones, incluso, desmayos. Por ello, aumenta el riesgo de sufrir caídas.
  • Febrícula oscilante (siempre de baja intensidad). Aparece normalmente al anochecer y sin ninguna causa que la justifique.
  • Sequedad de la piel y de las mucosas. Por ejemplo, ojos y boca secos.
  • Empeoramiento de los síntomas con factores ambientales como el frío o la humedad, de manera que en climas cálidos se experimenta una leve mejoría.
  • Ansiedad y depresión. Debido a las limitaciones en la rutina que al paciente le provocan todos estos síntomas anteriores, puede sufrir episodios de depresión o problemas psicológicos tales como ansiedad, irritabilidad, ataques de pánico o cambios bruscos en el estado de ánimo.

Todos estos síntomas producen, además, un sentimiento de frustración muy incómoda para el paciente, pues no entiende muy bien qué le pasa porque no existe ninguna razón aparente a la que pueda asociar este malestar intenso y persistente.

¿Cómo se diagnostica la fatiga crónica?

El síndrome de fatiga crónica no es fácil de diagnosticar. No existen pruebas concretas que puedan determinar la existencia de esta dolencia. Por ello, el médico centrará su proceso de diagnóstico en dos grandes campos:

  • Historia clínica. La anamnesis constituye una parte fundamental del diagnóstico de este síndrome. Se trata de la realización de una batería de preguntas del facultativo al paciente con el fin de obtener datos sobre hechos y circunstancias del pasado, antecedentes familiares, estado presente y hábitos de vida. En algunas ocasiones, el médico también puede preguntar a las personas que conviven con el paciente o a los más allegados. Será necesario que la conversación se desenvuelva en un ambiente de tranquilidad y confianza fomentado por el médico, pues esta técnica de recogida de información es clave para el diagnóstico certero de esta enfermedad.
  • Exploración física. Es imprescindible, sobre todo, para excluir otras enfermedades. Los hallazgos físicos objetivos que pueden ser detectados son: dolor a la palpación muscular, faringitis, dolor cervical posterior o axilar, fiebre y, en determinadas ocasiones, exantema cutáneo (erupción cutánea de color rosado que aparece de forma brusca, habitualmente, a causa de una enfermedad infecciosa).

Fatiga crónica: Test

Antes de acudir a la visita médica, podemos realizar el test de fatiga crónica y responder en este preciso momento a algunas de las preguntas que el facultativo nos vaya a efectuar. No obstante, es imprescindible, si sufrimos alguno de los síntomas expuestos, solicitar una cita médica.

Fatiga crónica: tratamiento

No existe una cura el síndrome de la fatiga crónica, por lo que el paciente debe aprender a vivir con él. No obstante, existen tratamientos para aliviar lo mayor posible este estado.

Antes de comenzar algún tipo de tratamiento, debemos hacernos una pregunta que nos será de gran ayuda y efectividad para lograr reducir los problemas de salud física y psicológica desencadenados por el síndrome: ¿cuál es el síntoma que con mayor fuerza se manifiesta? Por ejemplo, si son los problemas para dormir de forma satisfactoria, el primer paso es buscar un tratamiento que nos ayude a mantener unos buenos hábitos de sueñoCapsulas y medicinas para el tratamiento de la fatiga crónica

Con esta primera acción, reduciremos en parte la fatiga que provoca la falta de sueño.

Así, los tipos de tratamiento se realizarán sobre varios puntos:

  • Terapia cognitiva conductual.

Mediante ella, se intenta ayudar a que el paciente se enfrente a los problemas de esta afección de la forma más animada y motivadora posible, destacándole su capacidad para afrontar su rutina. Asimismo, se pondrán en práctica técnicas de reducción de estrés.

  • Tratamiento farmacológico.

No hay un fármaco concreto para la fatiga crónica, sino que, dependiendo de la gravedad y necesidad ante cada síntoma, el especialista recetará una medicación concreta para su alivio. Así, por ejemplo, es frecuente que los pacientes se tomen ansiolíticos, corticoides o pastillas para combatir el insomnio.

  • Ejercicio físico de baja intensidad y controlado.

La gran parte de pacientes con fatiga crónica no realiza ejercicio físico de forma habitual, por lo que cuando deben llevar a cabo algún tipo de actividad que comporta un esfuerzo superior al que están acostumbrados, experimentan un gran malestar. Una rutina de ejercicios estable y controlada por un especialista será beneficiosa para mantener activo el cuerpo y reducir las limitaciones de la SFC.

  • Alimentación equilibrada.

Los pacientes con fatiga crónica deben evitar las comidas copiosas, el alcohol y la cafeína. Mantener un menú diario adecuado ayuda a reducir el malestar general provocado por esta dolencia.

¿Cómo curar la fatiga crónica naturalmente?

Los investigadores han tratado esta cuestión en múltiples ocasiones. Curar la fatiga crónica de forma natural es posible con algunos remedios caseros que se desgranan a continuación;

  • La carnitina: que se trata de un aminoácido que favorece el transporte de ácidos grasos hacia las milocondrias y una persona mayor con fatiga crónica suele tener bajos índices de carnitina. La carnitina puede llegar a ayudar a que un paciente se encuentre más vital. Ahora bien, siempre con receta médica porque no se recomienda en niveles altos.
  • Vitamina B12: un complejo vitamínico que es muy positiva para aumentar la energía y conseguir realizar las tareas diarias de forma más óptima.
  • Magnesio: existe una relación estrecha entre un déficit de magnesio y la aparición de fatiga crónica, pues  además de reducir los niveles de ansiedad, el bisglicinato de magnesio es la mejor forma de asimilación de este nutriente.
  • El ácido fólico: las personas mayores que sufren de de fatiga crónica, al usar ácido fólico presente en el cerebro, disminuye considerablemente la fatiga.

Un hombre mayor se toca el ojo izquierdo mientras sostiene sus gafas con la mano derecha y se queja de padecer crónica.

Fibromialgia y fatiga crónica

Estas dos patologías suelen confundirse, pero aunque comparten algunas características, hay claros elementos que las diferencian.

La principal diferencia entre ambas es el síntoma principal: mientras que en la fibromialgia es el dolor muscular, en el síndrome de fatiga crónica es el cansancio extremo.

Por otra parte y con respecto a otros frecuentes síntomas, los pacientes con fibromialgia sufren agarrotamiento y rigidez muscular, algo que no presentan las personas con SFC.

Por último, los fármacos se muestran mucho más eficaces en los pacientes con fibromialgia que en aquellos con SFC, los cuales deben seguir, como hemos visto, un tratamiento de superior carácter multidisciplinar.

En Aiudo somos expertos en la atención de pacientes en diferente grado del síndrome de fatiga crónica. Los cuidadores profesionales que seleccionamos conocen a la perfección el tipo de cuidados que el paciente precisa, de forma que, a través de su labor, consiguen aumentar su bienestar y el de toda la familia.

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