Beneficios de la psicología a domicilio para personas mayores

Actualmente, la psicología a domicilio ha cogido mucho protagonismo por los múltiples beneficios que aporta en la salud mental. En un mundo cada vez más afectado por depresiones o otros trastornos mentales, es de vital importancia para las personas mayores gozar de bienestar psicológico.

2022:  ¿Cómo queda la sociedad tras la pandemia?

Creyendo que a la generación de hierro no le iba a ocurrir ningún otro acontecimiento vital de gran impacto, llegó el COVID-19 para arrebatarles esa ilusión. En la primera parte de la pandemia, se fue testigo de las noticias (en otras ocasiones, mucho más cerca) de personas mayores que vivían solas y que necesitaban la ayuda de voluntarios para poder acceder a bienes primarios como la comida, otros que fallecían en los centros residenciales sin haberse podido despedir de sus familiares, entre otros casos. Con el fin de “protegerlos”, se cayó en la trampa de aislarlos más, dañando su autonomía y su estado emocional. Se les etiquetó del ‘grupo social especialmente vulnerable’, con peor pronóstico, por su comorbilidad, síndromes geriátricos y esa fragilidad asociada al envejecimiento. En un primer momento, se creyó que iba a ser temporal, sin embargo, lo que iba a durar unas semanas, acabó durando unos meses y, aún en 2022, se continúa sufriendo los estragos de la pandemia y, mientras tanto, ellos/as han sido y siguen siendo los más perjudicados. No obstante, los gobiernos empezaron a movilizarse. Se han iniciado movimientos que están sacando a la luz la importancia de la salud mental y las necesidades que presentan las personas mayores, a destacar en este sentido, la lucha contra la llamada “soledad no deseada”. Por tanto, la psicología a domicilio para personas mayores tiene mucho que decir al respecto.

Soledad no deseada

La soledad no deseada se trata de un problema social y de salud pública que afecta a todos, directa o indirectamente. El aumento de la esperanza de vida, de los hogares unipersonales y los nuevos tipos de familias; el descenso de la natalidad; la desnaturalización en el trabajo como fuente de encuentros; la frenética vida de las ciudades y, las sociedades cada vez más individualistas son algunos de los factores que están provocando un aumento de la soledad no deseada. Un hombre sentado en la arena de la playa. Es un concepto complejo y diverso que implica sentimientos, emociones, procesos cognitivos, condicionantes individuales y estructurales, el ciclo de vida, factores externos e internos a la persona, la vivienda, el nivel educativo, el estado de salud, entre otros.
El “sentirse solo” es un sentimiento subjetivo y emocional que normalmente está asociado a una situación o contexto no deseados.
Y, aunque puede suceder en todas las etapas de nuestro ciclo vital, su riesgo aumenta con la edad y por las circunstancias que suelen acontecer en las etapas más tardías (jubilación o viudedad). No se trata de “sólo” sentirte solo. La gravedad de esta situación va más allá, pues este sentimiento puede comportar consecuencias tan diversas como el aumento del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, el empeoramiento de la nutrición, el abandono de la actividad física, el aumento de las consultas médicas y hospitalizaciones, el aumento del riesgo de padecer depresión y ansiedad (o empeoramiento de estas patologías), la alteración del sueño o el aumento del riesgo de padecer demencias. Se convierte en un factor de riesgo extra para la salud, no obstante, pero al igual que otros factores de riesgo más clásicos, se dispone con mecanismos de prevención que nos ayudan a combatirlo. Algunas de las medidas son:
  • Sensibilización de la sociedad, formación y educación.
  • Participación ciudadana y asociacionismo.
  • Fomento de redes comunitarias y familiares.
  • Promover la salud y el envejecimiento activo.
  • Fomentar la actividad física.
  • Reforzar servicios de teleasistencia.
  • Ayudarnos de las nuevas tecnologías.
  • Establecer servicios de detección, prevención y seguimiento en hogares de riesgo.

Cambio en el Modelo de Atención a las personas mayores 

La pandemia y postpandemia han servido para remarcar un camino que ya se estaba construyendo años antes. El Modelo de Atención Centrada en la Persona busca cuidar fomentando la autonomía de la persona en su entorno y vida cotidiana. Para ello, es crucial potenciar sus capacidades y elaborar estrategias que le empoderen y le permitan sentirse bien y capaz. Veníamos de modelos donde en las instituciones se categorizaban a las personas en función de sus diagnósticos y grados de dependencia, y a esos grupos se les aplicaban las mismas actividades y atención con procedimientos uniformes. Como Geert Bettinger dice en su libro “Avanzar permaneciendo quieto. Una visión diferente de la conducta problemática”:
  • No escuchamos atentamente a los usuarios.
  • Consideramos el expediente como verdad absoluta.
  • Consideramos a los profesionales como la fuente de información más importante (aquí se refiere a que obviamos lo que dice el cuidador directo).
  • Ponemos etiquetas a los usuarios.
  • Privamos a los usuarios de su propio control.
  • Tomamos muchas medidas de precaución.
  • No traducimos “conducta problemática” como una señal del comportamiento.
  • No reflexionamos el tiempo suficiente sobre nuestras propias acciones.
En la actualidad, se intenta luchar contra eso y buscar oportunidades y apoyos para que cada uno pueda desarrollar sus capacidades, tener el control sobre su vida cotidiana y, en consecuencia, sentirse mejor. Y es en esta línea, donde se ha observado que la mayoría de las personas mayores desean seguir viviendo en su hogar. Entonces, ¿por qué no llevar los servicios que pueden tener en un centro de día o en una residencia al hogar?

Figura del psicólogo a domicilio

Con la comodidad de no desplazarse de su hogar, su entorno seguro, el/la psicólogo/a llega a su casa con el objetivo final de mejorar su calidad de vida. Al igual que ocurre en consulta, se identificarán las necesidades y características del usuario y, tras esta evaluación, se elaborará un plan de intervención.
El objetivo es que se genere una relación de confianza entre el psicólogo y la persona que recibe la atención psicológica.
De entre las posibles áreas de intervención destacamos:
  • Estimulación cognitiva.
  • Entrenamiento en técnicas de relajación.
  • Estrategias de intervención conductual y emocional.
  • Mejora de patrones de sueño.
  • Fomento de hábitos y estilos de vida saludables.
  • Acompañamiento en pérdidas.
  • Gestión del ocio y tiempo libre.
  • Proporcionar formación e información a los familiares.
  • Promover relaciones familiares y sociales positivas.
Todas ellas juegan un papel primordial a la hora de combatir la soledad no deseada y aumentar la autonomía de la persona. El objetivo es conseguir que se sientan mejor emocionalmente, evitando la ansiedad y depresión, y manteniendo a raya los procesos de deterioros cognitivos.

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