Buscas actividades de estimulación cognitiva y lo que aparece son PDF, cuadernillos para imprimir escritos por terapeutas y para terapeutas.
Nadie te dice qué nivel le corresponde a tu madre, ni cómo se usan esas hojas, ni qué haces si se planta a la segunda.
Qué es la estimulación cognitiva y en qué se diferencia de hacer sudokus
La estimulación cognitiva es un conjunto de actividades dirigidas a mantener capacidades mentales concretas apoyándose en las que la persona todavía conserva. Ahí está la diferencia con el sudoku de después de comer. Quien lleva veinte años haciendo crucigramas entrena justo aquello que ya hace bien, mientras el resto de capacidades se queda sin tocar.
Para estimular es necesario repartir el trabajo, y para empezar a repartirlo no hace falta ser terapeuta.
Las capacidades que se suelen trabajar son seis, y todas se reconocen en gestos del día a día:
- Memoria: acordarse de lo que compró ayer o del nombre del vecino nuevo.
- Atención: seguir el hilo de una conversación con la televisión puesta de fondo.
- Lenguaje: dar con la palabra que se queda en la punta de la lengua.
- Cálculo: comprobar si el cambio que le han dado en la panadería está bien.
- Orientación: saber en qué día vive y volver sola desde el mercado.
- Funciones ejecutivas, o sea planificar, organizarse y salir de un imprevisto, como sacar adelante una comida con tres cosas al fuego a la vez.
Bajo la etiqueta “estimulación cognitiva” caben situaciones muy distintas, y conviene saber en cuál estás, ya que no se trabaja igual con alguien que tiene despistes propios de la edad que con un deterioro cognitivo leve o con una demencia diagnosticada.
Actividades de estimulación cognitiva en casa, sin fichas que imprimir
Las fichas impresas sirven y tienen su momento, pero lo que verdaderamente importa es lo que ya se hace cada día en esa casa. Apoyarse en la compra, en la cocina o en el telediario tiene dos ventajas, ya que no es necesario sacar tiempo de ninguna parte, porque ese rato ya estaba ocupado en eso, y nadie se siente examinado, porque por fuera solo se está haciendo la comida.
Preguntarle por la comida, que han dicho en el telediario, que ha comprado o que ha estado hablando con otra persona, ya es una forma de estimular el cerebro y hacer recordar qué estaba haciendo antes.
Mientras hace la compra o la lista de la semana
La lista de la semana da tres ejercicios seguidos sin que lo parezca:
- Escribirla entre los dos obliga a repasar qué falta y qué se acabó, que es exactamente planificar.
- Ya en la tienda, es recomendable que intente recordarla de memoria y sacarla del bolsillo solo al final, para comprobar que todo está correcto.
- Y al pagar, calcular por encima cuánto va a costar o si el cambio cuadra.
Mientras se cocina o se pone la mesa
Ordenar una secuencia conocida es uno de los ejercicios más repetidos de los cuadernos de estimulación, solo que aquí puede acabar en una tortilla. Por ejemplo, puedes preguntarle por el plato del día para que diga en voz alta los pasos de la receta en orden, del primero al último, antes de encender el fuego.
Si le cuesta improvisar qué comer cada día, tener a mano un menú semanal pensado para personas mayores te da el material para toda la semana.
Poner la mesa forma parte de una aritmética muy sencilla, pero con otro nombre:
- ¿Cuántos somos hoy?
- ¿Cuántos platos hacen falta?
- ¿Quién se sienta al lado de quién?
Y guardar la compra al llegar obliga a clasificar y a recordar en qué balda va cada cosa.
Es conveniente ir de una tarea a otra y apagar la radio mientras, porque cuesta bastante más concentrarse si de fondo hay ruido.
Con las noticias, el calendario y la agenda del día
Este bloque va de tener claro qué día es y qué toca hoy, y una vez montado funciona casi solo:
- Calendario y reloj a la vista, grandes, con los cumpleaños y las fiestas del mes marcados en color.
- El telediario o el periódico, pero comentados con alguien después, aunque sea por teléfono. Contar lo que ha pasado hoy obliga a hablar y a tirar de lo de esta mañana a la vez.
- Una agenda que escriba ella, con las citas de la semana, más recordatorios visuales para la medicación.
Con las fotos y los recuerdos de siempre
Aquí se juega en casa, porque los recuerdos de hace cuarenta años suelen aguantar mucho mejor que los de esta mañana:
- Sacar el álbum y detenerse en una sola foto, con preguntas que no tengan respuesta correcta, del tipo de qué se habló ese día o quién hizo la foto
- Una caja de zapatos con objetos que signifiquen algo, una peseta, un billete de tren, un llavero viejo, hace lo mismo y sigue funcionando cuando las palabras ya cuestan; hay iniciativas que han convertido rememorar el pasado en terapia.
- Y grabarle en el móvil contando cómo se conocieron sus padres es el principio de un libro de vida.
Es importante no corregirle, si mezcla dos bodas o se equivoca de año, da igual, lo importante es que la persona disfrute el momento y no el resultado de sus recuerdos.

Ejercicios de estimulación cognitiva por área
Para saber cómo elegir el nivel antes de empezar, la regla práctica es que debería acertar bastante más de lo que falla, si es al revés, el ejercicio quizá no sea el indicado y es recomendable cambiarlo sin anunciarlo, quitando elementos, dando una pista antes de que se atasque o poniéndole dos opciones entre las que elegir en lugar de una pregunta abierta.
Si ya le cuesta leer o escribir, el mismo ejercicio se hace hablando, en voz alta, sin papel de por medio, pero en caso de necesitar reducir más la dificultad, aquí encajan mejor los juegos para personas con demencia.
Memoria
- La bandeja: seis objetos de casa a la vista un minuto, se tapan con un paño y se nombran los que recuerde. Con cuatro es más fácil; con diez, bastante más difícil.
- El objeto perdido: cuando no aparecen las gafas, en vez de buscarlas tú, reconstruir dónde se usaron por última vez y si estaban esta mañana.
- Tres líneas del día, antes de dormir, en un cuaderno o como nota de voz en el móvil.
Para más variedad, hay ejercicios mentales para estimular la memoria con esta misma lógica.
Atención
Con un periódico viejo y un bolígrafo, tachar todas las letras «a» de un párrafo. Los cuadernos clásicos hacen esto mismo con números escondidos entre letras, y en una hoja de periódico sale gratis.
Repasar el ticket de la compra después sirve igual para contar cuántos productos hay apuntados o localizar uno en concreto entre toda la lista.
Lenguaje
- Categorías contrarreloj: un minuto para decir todas las frutas que se le ocurran; luego pueblos de la provincia, cosas que hay en una cocina, nombres de mujer que empiecen por “m”.
- Refranes a medias: aguantan cuando la conversación ya cuesta, porque están muy guardados. Empiezas tú (“a quien madruga…”) y termina ella.
- Lectura comentada: entre diez y treinta minutos al día, un capítulo o un artículo de revista, y después hablarlo con alguien.
Cálculo
- Las cartas: chinchón, tute o brisca, con los puntos apuntados a mano en un papel.
- La receta ajustada: si es para cuatro y sois dos, cuánto arroz, cuántos huevos, cuánta agua.
- Parejas que suman siete: escribe a mano una fila de quince números del 1 al 9 y que rodee cada pareja de números pegados que sumen siete. Para subir el nivel, cambia el siete por el diez.
Orientación
- La hora de la cita: si tenéis médico a las cuatro y cuarto, dibuja una esfera de reloj y que ponga las agujas para enseñarte a qué hora hay que salir.
- El camino de vuelta: al volver de un sitio, que cuente la ruta calle a calle, con lo que había en cada esquina.
- Las referencias del barrio: en un sitio poco conocido, describir en voz alta por dónde se vuelve, el color del portal, la farmacia de enfrente.
Funciones ejecutivas (planificar y organizarse)
- Papelitos con los pasos de algo conocido, desordenados, para ponerlos en orden: comprar el pan, montar en un taxi, cenar en un restaurante desde que se llama para reservar.
- Dile los tres recados de la mañana y que decida en qué orden salen mejor, contando distancia, horarios de apertura y lo que cuesta cada uno.
- Un plan real de principio a fin, como la comida del domingo, con quién viene, qué hace falta comprar y a qué hora se pone cada cosa.
Cuánto tiempo y con qué frecuencia
Lo recomendable es cinco veces por semana entre diez y treinta minutos al día. Quince o veinte minutos que acaben bien rinden más que una hora que termine en discusión, y la sesión maratón del domingo suele dejar de hacerse a las tres semanas.
Si solo la ves dos o tres días por semana, esa es tu frecuencia y sirve.
Los días que no estás, lo cotidiano lo puede sostener quien viva con ella; si no hay nadie, una cuidadora por horas cambia bastante el reparto.
Qué evitar al hacer estimulación cognitiva en casa
Casi todo lo que se tuerce en casa, se termina abandonandoo.
Corregir cada fallo es lo que hace todo el mundo al principio, ya que es algo que nos sale solo y viene de querer ayudar, así que no es un defecto tuyo, pero cada corrección puede incomodar la persona que está al otro lado.
Existen cuatro frases que nos pueden ayudar si las evitamos:
- “¿No te acuerdas de lo que te dije ayer?”: suelta el dato dentro de la conversación, “el jueves tenemos médico a las cinco”, sin pedirle que lo recupere.
- “Ya te lo he dicho tres veces”: contestar como si fuera la primera no ayuda. La irritación no le devuelve el recuerdo.
- “A ver si te acuerdas de…”: todo lo que empieza así es una prueba. Mejor ofrecerle dos actividades y que elija ella.
- “Concéntrate un poco”: si lleva rato fallando, el ejercicio le queda grande o está cansada, ninguna de las dos cosas se arregla pidiendo esfuerzo.
¿Sirve de algo la estimulación cognitiva? Qué puedes esperar de verdad
La mejor prueba disponible es la revisión Cochrane de 2023 sobre estimulación cognitiva en demencia, que reunió 37 ensayos y 2.766 participantes.
Todos tenían una demencia diagnosticada, leve o moderada. No hay una revisión de este tamaño hecha con personas sin diagnóstico, así que si lo de tu madre son despistes normales de la edad, estos resultados no son suyos. Las actividades siguen teniendo sentido, pero no puedes esperar de ellas lo que se midió en otra gente.
Con esa cautela por delante, lo que encontraron fue:
- En la cabeza: existe un beneficio pequeño y con certeza moderada. Se mide, es real, pero no devuelve a nadie a como estaba hace cinco años.
- En la comunicación y el trato con los demás: una mejoría clínicamente relevante, y es el único resultado con certeza alta de toda la revisión. Si la persona habla más, entra más en la conversación, se relaciona mejor, se pueden notar mejorías notables.
- En su ánimo: mejoras leves, también con certeza moderada, en cómo valora ella su propia calidad de vida y en su nivel de ansiedad.
- En el día a día: mejoras leves en las tareas básicas, vestirse o manejarse en casa.
- En ti: con certeza moderada, apenas cambian el ánimo y la ansiedad de quien la cuida.
Lo que pasa meses después apenas se ha estudiado, así que nadie puede prometerte que el efecto se mantenga.
Es importante el último punto, porque tiene consecuencias, ya que tu descanso tiene que venir de otro sitio, y ese sitio puede ser el turno de una cuidadora con experiencia en demencia dos tardes por semana, ayudándote con el cuidado de la persona.
Preguntas frecuentes
¿Valen las fichas que hay para descargar o hace falta un profesional?
Sí, valen como complemento. Lo difícil es acertar el nivel, porque muchos cuadernillos gratuitos vienen etiquetados por fase de deterioro y están escritos para alguien ya diagnosticado. Si hay diagnóstico, pide en la consulta que te orienten el plan y deja las fichas como una parte más, nunca en lugar de lo cotidiano.
¿Es lo mismo si ya tiene alzhéimer diagnosticado que si solo tiene despistes?
No. Lo que los separa es la vida diaria. Con despistes normales se pierden cosas alguna vez y poco más; en el deterioro cognitivo leve el cambio es evidente pero sigue manejándose sola; en la demencia ya cuesta comprar, vestirse o llevar el dinero. Hay más señales para distinguirlo, aunque el médico de cabecera es la primera parada, porque una depresión o una infección de orina pueden imitar un deterioro.
¿Cuánto tarda en notarse alguna mejora?
Nadie puede darte una fecha. Ningún estudio dice a partir de qué semana empieza a verse algo, así que quien te dé un plazo se lo está inventando. Mira otra cosa mientras tanto, si le apetece el rato, si habla más, si participa sin que tengas que insistir. Eso se nota antes que cualquier cambio en la memoria.
¿Es lo mismo estimulación cognitiva que rehabilitación cognitiva?
No exactamente, aunque los verás usados casi como sinónimos. La rehabilitación suele nombrarse cuando hay un profesional detrás con un plan y un objetivo concreto, muchas veces tras un daño cerebral; la estimulación es el término amplio para lo que se hace de forma habitual para mantener capacidades. En la práctica, lo que tú puedes montar en casa es estimulación; si a tu padre le han derivado a un logopeda o a un neuropsicólogo después de un ictus, eso es rehabilitación. Si te la nombran en consulta, pregunta qué incluye y cada cuánto.

























