Fractura de cadera: tipos, síntomas y complicaciones

La fractura de cadera en los ancianos es una de las causas más comunes de su morbilidad y mortalidad. 

Como consecuencia de la fractura, nuestro mayor sufre una triple agresión: la propia caída, la cirugía posterior y el empeoramiento de las enfermedades crónicas que ya padecía.

Con el fin de conocer esta frecuente realidad a la que muchos ancianos deben hacer frente, en estas líneas la explicamos en profundidad:

Fractura de fémur y cadera en ancianos

La mayor parte de las fracturas de cadera se producen en una de las dos partes del fémur, el cuello femoral (parte superior del fémur) y la región intertrocantérica (debajo de la propia articulación de la cadera). De hecho, la fractura de cadera es, en realidad, la rotura del cuello del fémur. 

 

Tipos de fractura de cadera, clasificación

Las fracturas de cadera se pueden clasificar en función de la localización del cuerpo donde esta se ha producido. Así, existen tres zonas, entre las que en personas mayores destaca como la más común la zona 1, concretamente el tipo de fractura subcapital de cadera

 

Fractura subcapital de cadera

Se trata de aquellas que se producen justo por debajo de la cabeza femoral.
Tienen, generalmente, un origen traumático y pueden ser con o sin desplazamiento. 

Estas son el tipo de fracturas que se producen, más mayoritariamente, entre las mujeres y las personas mayores de 60 años

Las fracturas subcapitales se subdividen, a su vez, utilizando la clasificación de Garden, en varios tipos según su nivel de gravedad:

  • Tipo I: fractura incompleta, también llamada fractura “en valgo”. Puede desplazarse si no se contiene mediante un tratamiento adecuado. 
  • Tipo II: fractura completa pero sin desplazamiento. Al igual que en el caso anterior, puede producirse un desplazamiento secundario si no se recibe tratamiento.
  • Tipo III: fractura completa con desplazamiento parcial. Se trata de la fractura de cadera más frecuente. 
  • Tipo IV: fractura completa con desplazamiento total. La cabeza del fémur y el cuello femoral están completamente desvinculados. 

Fractura subcapital de cadera tratamiento: la elección más común para tratar este tipo de fractura de cadera es mediante la implantación de una prótesis de cadera

 

Fractura de cadera síntomas

Los síntomas principales de la fractura de cadera son:

  • Dolor intenso en la cadera.
  • Pérdida de movilidad en la articulación. 
  • La pierna en la que se ha producido la fractura sufre deformación.
  • Sensibilidad e hinchazón en la zona afectada.
  • Hematomas.

 

Fractura de cadera diagnóstico

La casi totalidad de casos de fractura de cadera se diagnostican a partir de una visita al médico en la que se le notifica que la persona mayor ha sufrido una caída y siente dolor intenso en la zona de la cadera, así como la imposibilidad de caminar. Serán las radiografías simples las que determinarán el diagnóstico exacto.
Así, el facultativo determinará si existe la fractura de cadera mediante el análisis de los síntomas y la constatación de que la cadera y la pierna se encuentran en una posición anormal. 

 

Tratamiento de la fractura de cadera

Debido al riesgo de sufrir las complicaciones anteriores en caso de que la fractura no se opere, en casi la totalidad de los casos, el médico va a decidir realizar una cirugía durante las primeras horas.

En cuanto al temor por la fractura de prótesis de cadera, cabe señalar que, en los últimos años, la cirugía ha avanzado enormemente, de manera que el rechazo o rotura de la prótesis se produce en menos del 3% de los casos.

Tras la operación, nuestro mayor deberá seguir el tratamiento prescrito, en el que una parte fundamental será la rehabilitación

 

Rehabilitación fractura de cadera  

Desde ya el primer día después de la cirugía, el equipo médico hará caminar a nuestro familiar para evitar que pase demasiado tiempo en la cama. En un principio, a través de la fisioterapia trabajará para mejorar la amplitud del movimiento e incrementar la fortaleza. 

Es de gran importancia resaltar aquí que cuando la persona abandone el hospital después de la intervención, necesitará una atención permanente que le preste unos buenos cuidados. Es en este momento donde adquirirá un gran valor la figura de la cuidadora profesional. Dada su experiencia en el cuidado de personas mayores y en la atención de las patologías y dolencias que más comúnmente sufren (como es la fractura de cadera), sus cuidados mejorarán la calidad de vida de nuestro mayor y aumentarán sus posibilidades de recuperación

 

Fractura de cadera no operada

Si la fractura de cadera no se opera, el paciente quedará condenado a estar inmovilizado y encamado durante un muy elevado período de tiempo. Debido a esta situación prolongada, nuestro mayor estará más expuesto a sufrir complicaciones derivadas de carácter físico, infeccioso y pulmonar, así como, por supuesto, un mayor riesgo de mortalidad temprana. 

De esta forma, el no recibir el tratamiento quirúrgico adecuado comprenderá una serie de complicaciones que en el siguiente punto se explican.

 

Fractura de cadera complicaciones

Así pues, los pacientes con una fractura de cadera pueden sufrir diversas complicaciones en los días posteriores a esta. Entre las más destacadas, se encuentran las siguientes: 

  • Trombosis venosa profunda o pulmonar. La nula movilidad de la pierna tras la fractura o la intervención quirúrgica puede desencadenar la aplicación de una trombosis de las venas de la pierna. Estos trombos pueden ascender hasta el pulmón. Por ello, si nuestro mayor ha sufrido una fractura de cadera, con elevada probabilidad recibirá tratamiento con anticoagulantes (generalmente, heparina). 
  • Úlceras. Como consecuencia del encamamiento al que los pacientes deben someterse, estos son más dados a desarrollar úlceras por presión en la espalda o en los tobillos.   
  • Desorientación y confusión. 
  • Neumonía. 
  • Empeoramiento de la condición física, al disminuir el tejido muscular.
  • Pérdida de la autonomía, volviéndose totalmente dependientes. 
  • Consecuencia de todo lo anterior: estado depresivo y aislamiento social. 

 

Supervivencia tras fractura de cadera

La fractura de cadera es un suceso con graves consecuencias en una gran mayoría de casos.
Debido a ella, el paciente sufre daño físico, mental, funcional y social, de manera que su esperanza de vida disminuye considerablemente.
Así, la tasa de mortalidad después de sufrir una fractura de cadera duplica la de las personas de la misma edad sin fractura. No obstante, la causa del fallecimiento no es la propia fractura de cadera, sino las propias enfermedades sistémicas que el anciano ya sufre, por lo que las secuelas de la fractura dependerán, directamente, de su propio estado de salud. 

Por ello, es importante incidir en los factores de riesgo a tener más en cuenta:

  • Edad – Fractura de cadera por caída. Conforme la edad avanza, aumenta el riesgo de sufrir caídas de considerable gravedad. De hecho, 1 de cada 5 caídas de personas mayores de 65 años causa lesiones de gravedad. Entre las más frecuentes se encuentra la fractura de cadera. 
  • La densidad ósea y la masa muscular disminuyen a medida que envejecemos, a lo que se le suma la pérdida de visión y equilibrio, produciéndose un aumento del riesgo de sufrir caídas. 
  • Sexo. Las fracturas de cadera las sufren, mayoritariamente, las mujeres. Ellas representan, concretamente, el 70% de los casos. Esto se debe a que las mujeres pierden densidad ósea con mayor rapidez que los hombres, por lo que su estabilidad y fortaleza es menor.  
  • Trastornos médicos crónicos. Existen diversos trastornos que nuestros mayores poseen de forma crónica cuyos efectos más destacados son la disminución de la densidad ósea, así como el aumento de la debilidad en los huesos. En este caso, es importante señalar que dentro de estos trastornos encontramos también los que son relativos al sistema cognitivo (como, por ejemplo, el párkinson, la demencia o los accidentes cerebrovasculares).  
  • Algunos medicamentos. La toma prolongada de ciertos medicamentos provoca el deterioro óseo. Entre los más comunes se encuentra la cortisona. Asimismo, los medicamentos que actúan sobre el sistema nervioso central (como, por ejemplo, los ansiolíticos) son los más asociados con las caídas. 
  • Problemas nutricionales. Si durante la etapa adolescente hemos sufrido faltas de calcio y vitamina D, así como trastornos alimenticios graves, aumentará el riesgo de sufrir fracturas óseas en las etapas más longevas.
  • Sedentarismo. La actividad física es un gran instrumento para fortalecer la masa ósea y muscular con el fin de evitar la frecuencia de las caídas.


Igualmente que los factores de riesgo anteriores,
de suma importancia es evitar no solo la degradación ósea, sino también cualquier tipo de riesgo que pueda existir en el propio hogar. Para ello, hay que eliminar aquellas situaciones que puedan favorecer las caídas: 

  • Retirar las alfombras de la casa con las que nuestro familiar pueda tropezarse. 
  • Quitar los cables que puedan provocar un tropiezo. 
  • Mantener las estancias del hogar adecuadamente alumbradas. 
  • Evitar caminar por las superficies cuyo pavimento está resbaladizo (por ejemplo, aquellas zonas de la casa que han sido recién fregadas. 
  • Evitar caminar sin ayuda física ni material por zonas de la casa de disposición complicada. 
  • Intentar no tomar medicamentos que produzcan somnolencia o falta de equilibrio y concentración. 
  • Realizar revisiones periódicas de la vista para mantener una buena capacidad visual. 

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